LECCIONES SOBRE LAS CARTAS A LOS TESALONICENSES (Completo)


COMENTARIO A LAS CARTAS A LOS TESALONICENSES

Lección nº 1:
INTRODUCCIÓN

Pasa a Macedonia…”
Para cualquiera que sepa leer entre líneas, la historia de la llegada de Pablo a Macedonia es una de las más fascinantes del libro de Los Hechos. Lucas, con una economía magistral de palabras, nos la cuenta en Hechos 16:6-10. Aunque el relato es tan breve, nos da la impresión de una cadena inevitable de circunstancias que culmina en un acontecimiento estelar. Pablo había pasado por Frigia y Galacia, y tenía delante el Helesponto. A la izquierda se extendía la provincia populosa de Asia, y a la derecha la gran provincia de Bitinia; pero el Espíritu no le permitió entrar en ninguna de las dos. Había algo que le impulsaba incesantemente hacia el mar Egeo. Así es que llegó a Alejandrina, todavía indeciso sobre adónde se debía dirigir; y entonces le sobrevino una visión nocturna de un hombre que clamaba: “¡Cruza a Macedonia a ayudarnos!”… Pablo se hizo a la vela, y por primera vez el Evangelio vino a Europa.

La influencia de Alejandro
En aquel momento Pablo debe de haber de haber visto mucho más que un continente para Cristo. Fue en Macedonia donde desembarcó; y Macedonia había sido el reino de Alejandro Magno, el que había conquistado todo el mundo conocido y llorado porque ya no quedaban más tierras que conquistar. Pero Alejandro era mucho más que un conquistador militar.
Fue casi el primer universalista. Tenía más de misionero que de soldado; soñaba con un mundo dominado e iluminado por la cultura griega. Hasta un pensador de la talla de Aristóteles había dicho que era obvio tratar a los griegos como libres y a los orientales como esclavos; pero su discípulo Alejandro declaraba que Dios le había enviado “a unir, pacificar y reconciliar al mundo entero”. Afirmaba que su propósito era “casar el Oriente con el Occidente”... Había soñado con un imperio en el que no hubiera griegos ni judíos, bárbaros ni escitas, siervos ni libres (Colosenses 3:11). Es difícil imaginar que Pablo no tuviera en mente a Alejandro. Había iniciado su viaje en Alejandrina, que recibía su apellido de Alejandro; llegó a Macedonia, que era el reino original de Alejandro; trabajó en Filipos, que había recibido su nombre de Filipo, el padre de Alejandro; pasó a Tesalónica, así llamada en recuerdo de la hermanastra de Alejandro. Todo el territorio estaba saturado de recuerdos de Alejandro; y Pablo pensaría, no en un país, ni en un continente, sino en un mundo para Cristo.

Tesalónica
Tesalónica era una gran ciudad. Siempre había tenido un puerto famoso. Fue allí donde el persa Jerjes tuvo su base naval cuando invadió Europa; y hasta en tiempo del Imperio Romano era uno de los principales astilleros del mundo. En 315 a.C., Casandro había reedificado la ciudad, y la había llamado Tesalónica (Thessalonfci), el nombre de su esposa, que era hija de Filipo de Macedonia y hermanastra de Alejandro Magno. Era una ciudad libre; es decir, que nunca había sufrido la vergüenza de que hubiera tropas romanas acuarteladas en ella. Tenía su propia asamblea popular, y sus propios magistrados. Su población alcanzaba los 200.000, y hubo un tiempo en que se dudaba si debía ser Tesalónica o Constantinopla la capital del mundo.
Pero la importancia suprema de Tesalónica era que su calle principal era parte de la carretera que unía a Roma con Oriente. Oriente y Occidente convergían en Tesalónica; se decía que “estaba en el regazo del Imperio Romano”... Y estaba inundada por el comercio de Oriente y Occidente.
Es imposible exagerar la importancia de la llegada del Cristianismo a Tesalónica. Si se asentaba en ella, era de esperar que se extendiera hacia el Este por la Via Egnatia hasta conquistar toda Asia, y hacia el Oeste hasta invadir a la misma Roma… La llegada del Cristianismo a Tesalónica fue clave para que llegara a ser una religión universal.

Pablo en Tesalónica
Encontramos el relato de la estancia de Pablo en Tesalónica en Hechos 17:1-10. Ahora bien, para Pablo, lo que sucedió en Tesalónica tuvo una importancia capital. Predicó en la sinagoga tres sábados consecutivos (Hechos 17:2), lo que quiere decir que no permanecería allí más de tres semanas. Tuvo un éxito tan señalado que los judíos se enfurecieron y le suscitaron tantos problemas que Pablo tuvo que salir furtivamente de la ciudad, con peligro de muerte, hacia Berea, donde le sucedió lo mismo (Hechos 17:10-12), y Pablo tuvo que dejar tras sí a Timoteo y Silas y proseguir su huida hasta Atenas.
¿Era posible hacer tal impacto en un lugar solamente en tres semanas como para que el Cristianismo arraigara tan profundamente que ya no fuera nunca desarraigado? Si era así, entonces no era un sueño irrealizable el que todo el Imperio Romano fuera ganado para Cristo. ¿O era necesario trabajar meses, o años, antes de hacer una impresión perdurable? En tal caso, no se podía ni prever vagamente cuándo llegaría a penetrar el Cristianismo en todo el mundo. Tesalónica era un caso piloto; y Pablo estaba desgarrado de ansiedad por saber cómo se desarrollarían las cosas.

Noticias de Tesalónica
Tan ansioso estaba Pablo que, cuando se reunió con él Timoteo en Atenas, le envió de vuelta a Tesalónica para que le trajera la información sin la que no podía descansar (1 Tesalonicenses 3:1,2,5; 2:17). ¿Qué noticias le trajo Timoteo? ¡Buenas noticias! El afecto que le tenían a Pablo los tesalonicenses era tan fuerte como siempre; y permanecían firmes en la fe (1 Tesalonicenses 2:14; 3:4-6; 4:9 y ss.). Los tesalonicenses eran “su gloria y su gozo” (1 Tesalonicenses 2:20). Pero también había noticias preocupantes.
a) La predicación de la Segunda Venida había producido unas consecuencias imprevistas, porque algunos habían dejado de trabajar y olvidado sus intereses corrientes para esperar la Segunda Venida con una expectación histérica. Así es que Pablo les dice que estén tranquilos y que prosigan con sus obligaciones normales (1 Tesalonicenses 4:11).
b) Estaban preocupados por lo que les sucedería a los que murieran antes de la Segunda Venida. Pablo les explica que los que duerman en Jesús no se perderán nada de la gloria que vendrá (1 Tesalonicenses 4:13-18).
c) Había una tendencia a despreciar toda autoridad legal; la propensión de los griegos a discutirlo todo siempre conllevaba el peligro de producir una democracia desmadrada (1 Tesalonicenses 5:12-14).
d) Había el peligro crónico de volver a la inmoralidad. Era difícil desaprender la actitud de generaciones y evitar el contagio del mundo pagano (1 Tesalonicenses 4:3-8).
e) Había por lo menos una sección que calumniaba a Pablo. Sugerían que predicaba el Evangelio por lo que pudiera sacar (1 Tesalonicenses 2:5,9); y que tenía cosas de dictador (1 Tesalonicenses 2:6-11).
f) Había una cierta medida de división en la iglesia (1Tesalonicenses 4:9; 5:13).
Estos eran los problemas que tenía que tratar Pablo; y muestran que la naturaleza humana no ha cambiado tanto.

Dos Cartas
Son muy parecidas, y deben de haberse escrito en un plazo de pocas semanas, tal vez de días. La segunda carta fue escrita principalmente para aclarar un malentendido acerca de la Segunda Venida. La primera insistía en que el Día del Señor vendría como ladrón en la noche, y exhortaba a estar alerta (1 Tesalonicenses 5:2,6). Pero esto produjo una situación malsana en la que algunos no hacían más que esperar y otear el horizonte; y por eso Pablo explica en la segunda carta qué señales han de producirse antes que llegue la Segunda Venida (2 Tesalonicenses 2:3-12).
Por supuesto que Pablo aprovecha la ocasión en la segunda carta para repetir y hacer hincapié en mucho de lo que había aconsejado y advertido en la primera; pero su interés principal es decirles algunas cosas que calmen su histeria y les hagan esperar, no en nerviosa inactividad, sino en paciente y diligente atención a las responsabilidades normales y cotidianas.
En estas dos cartas vemos a Pablo resolviendo los problemas de cada día que surgían en la Iglesia en expansión.




Lección nº 2:
NUESTRA GLORIA Y NUESTRO GOZO”
1 Tesalonicenses 1: 1 - 2: 20

Reconocimientos al testimonio
1 Tesalonicenses 1
En este capítulo introductorio vemos a Pablo en su talante más simpático. Dentro de poco va a administrar advertencia y reprensión; pero empieza con una alabanza sin reservas. Hasta cuando tenía que reprender, no lo hacía para desanimar, sino para elevar.
En cada persona hay algo digno, y a menudo la mejor manera de conseguir que se despoje de las cosas más bajas es alabar sus cualidades más elevadas. La mejor manera de erradicar sus faltas es alabar sus virtudes para que florezcan más y más; todos reaccionamos mejor a las palabras de aliento que a las de reprensión. Pablo, como buen psicólogo y con verdadero tacto cristiano, empieza reconociendo los méritos aun cuando tenga que pasar a reprender.
En el versículo 3, Pablo reúne tres grandes ingredientes de la vida cristiana.
a) Hay una labor inspirada por la fe. Nada nos dice tanto acerca de una persona como su manera de trabajar… Puede que trabaje por un sombrío sentimiento del deber, o inspirado por la fe. Su fe le dice que esa es la tarea que Dios le ha encomendado, y que la está llevando a cabo por fidelidad a Dios… Se ha dicho que la marca de la verdadera consagración es encontrar la gloria en la labor penosa.
b) Hay una labor impulsada por el amor. El trabajo que se hace por amor no cansa nunca.
c) Hay una constancia basada en la esperanza. Una persona puede soportarlo todo mientras tenga esperanza…
En el versículo 4, Pablo llama a los tesalonicenses hermanos amados de Dios. La frase amados de Dios solo la aplicaban los judíos a hombres supremamente grandes como Moisés y Salomón, o a la nación de Israel. Ahora, el más grande privilegio de los más grandes hombres del pueblo escogido de Dios se ha extendido a los más humildes de los gentiles.
El versículo 8 dice que la fe de los tesalonicenses había resonado como una trompeta. La palabra también podría querer decir retumbar como un trueno. Hay algo arrollador en la valentía del Cristianismo primitivo. Cuando la prudencia más elemental habría sugerido una manera de vivir que pasara inadvertida y así evitara el peligro y la persecución, los cristianos proclamaban abiertamente su fe. Nunca tenían miedo de confesar a quién pertenecían y servían.
En los versículos 9 y 10 se usan dos palabras que son características de la vida cristiana. Los tesalonicenses servían a Dios y esperaban la venida de Cristo.
El cristiano ha sido llamado a servir en el mundo y a esperar la gloria... El servicio leal y la paciente espera son los preludios necesarios para la gloria del Cielo.

La defensa de Pablo
1 Tesalonicenses 2: 1-12
Por debajo de la superficie de este pasaje se adivina el correr de las calumnias que divulgaban los oponentes de Pablo en Tesalónica.
El versículo 2 se refiere al encarcelamiento y malos tratos de los que Pablo había sido objeto en Filipos (Hechos 16:16-40). Sin duda había algunos en Tesalónica que decían que Pablo estaba fichado por las autoridades… Una mente realmente maligna lo tergiversa todo para producir una calumnia.
Vemos en el versículo 3 no menos de tres acusaciones:
a) Se decía que la predicación de Pablo era una pura fantasía. Una persona realmente original siempre corre el riesgo de que la tomen por loco. Festo creyó que Pablo estaba loco algo más adelante (Hechos 26:24). Hubo un tiempo cuando los parientes de Jesús llegaron a tratar de llevársele a casa porque creían que Se había vuelto loco (Marcos 3:21). Los estándares cristianos pueden ser tan diferentes de los del mundo que el que los siga con una mente sencilla y un entusiasmo ardiente puede parecerles a otras personas que está mal de la cabeza.
(b) Se decía que la predicación de Pablo procedía de motivos impuros. La palabra que se usa para impureza (akatharsía) tiene muchas veces que ver con la impureza sexual. Los cristianos tenían una costumbre que los paganos malinterpretaban a menudo intencionadamente: el beso de la paz (1 Tesalonicenses 5:26). Cuando los cristianos hablaban de sus fiestas del amor y del beso de la paz, no le era difícil a una mente sucia leer en estas frases lo que no contenían. Lo malo es que una mente sucia verá suciedad hasta donde no la haya.
c) Se decía que la predicación de Pablo estaba encaminada astutamente a engañar a la gente.
El versículo 4 indica que acusaban a Pablo de buscar la aprobación de la gente en vez de la de Dios. Probablemente aquello surgiría del hecho de que predicaba la libertad del Evangelio y de la gracia frente a la esclavitud del legalismo. Cualquiera que predique el Evangelio del gozo encontrará calumniadores, que es exactamente lo que sucedió con Jesús, y con Pablo.
Los versículos 5 y 9 indican que había algunos que decían que Pablo estaba metido en el negocio de la predicación por lo que pudiera sacar de él… Ya había en aquellos tiempos quienes, haciéndose los religiosos y necesitados, pretendían vivir a costa de los hermanos; de esto algunos acusaban a Pablo.
El versículo 6 indica que a Pablo le acusaban de buscar prestigio personal. Es el constante peligro del predicador el hacer alarde de sí mismo en vez de presentar el mensaje. Sin embargo, en 1 Tesalonicenses 1: 5 hay algo sugestivo: Pablo no dice “Yo llegué a vosotros”, sino “Nuestro Evangelio llegó a vosotros”... El hombre se perdía en el mensaje.
El versículo 7 indica que a Pablo le acusaban de ser un dictador… Pero su gentileza era la de un padre prudente; su amor sabía ser firme… Para él, el amor cristiano no era mera sensiblería; sabía que las personas necesitaban disciplina, no para castigarlas, sino para bien de sus almas.

Los pecados de los judíos
1 Tesalonicenses 2: 13-16
La fe cristiana no había traído tranquilidad a los tesalonicenses, sino problemas. Su recién descubierta lealtad los había sumido en persecuciones. El método que usa Pablo para animarlos es muy interesante; les dice que su persecución era una garantía de honor que los incluía en los regimientos del ejército de Cristo.
Pero lo más interesante de este pasaje está en que en los versículos 15 y 16 Pablo traza una especie de catálogo de los errores y pecados de los judíos.
a) Mataron al Señor Jesús y a los profetas. Cuando llegaban a ellos los mensajeros de Dios, los eliminaban. Uno de los hechos lúgubres en el relato evangélico es la intensidad con que los responsables de los judíos trataron de deshacerse de Jesús antes de que pudiera traerles más perjuicios.
b) Persiguieron a los cristianos. Aunque ellos mismos se negaban a aceptar el Mensaje de Cristo, podrían haber dejado que otros lo escucharan y aceptaran si querían; pero no lo hicieron…
c) No trataban de hacer la voluntad de Dios. El problema de la Iglesia ha sido muchas veces que se ha aferrado a una religión hecha por los hombres en lugar de aceptar la fe que Dios da.
d) Estaban en contra de todos los hombres. En el mundo antiguo se acusaba de hecho a los judíos de ser “enemigos de la raza humana”. Su pecado capital era la arrogancia; se consideraban elegidos para un privilegio, y no para un servicio.
e) Querían reservarse la invitación del amor de Dios para ellos solos, y no querían que los gentiles tuvieran parte en su gracia.
Hay algo fundamentalmente erróneo en una religión que les cierra la puerta a los demás. Si amamos de veras a Dios, ese amor debe desbordarse hacia nuestros semejantes. Lejos de querer monopolizar los privilegios, nos consumirá la pasión por compartirlos.

Nuestra gloria y nuestro gozo”
1 Tesalonicenses 2: 17-20
Alguien ha dicho que 1 Tesalonicenses es un clásico de la amistad; y aquí tenemos un pasaje que resume el profundo afecto de Pablo hacia sus amigos, a pesar de la distancia.
Pablo usa dos ilustraciones interesantes en el pasaje que nos ocupa.
Dice que Satanás le bloqueó el camino cuando quería ir a Tesalónica. La palabra que usa (enkóptein) es el término técnico para poner un bloque en medio de la carretera para impedir el paso de una expedición. La labor de Satanás consiste en poner obstáculos en el camino del cristiano; y la nuestra debe ser vencerlos.
Dice que los tesalonicenses eran su corona. En griego hay dos palabras para corona: diádéma, que se usa casi exclusivamente refiriéndose a la corona real; y stéfanos que se utiliza casi exclusivamente para designar la corona del vencedor en alguna contienda deportiva y es la que usa aquí Pablo. El único premio que apreciaba realmente en la vida era ver vivir a sus convertidos de acuerdo con el Evangelio. La mayor gloria de una persona está en las que haya puesto o ayudado en el camino de Cristo.
Nada que podamos hacer será un mérito ante Dios; pero al final, las estrellas en la corona de un siervo fiel serán los que haya guiado a Jesucristo.

Versículo para aprender:

Vosotros sois nuestra gloria y gozo”
1 Tesalonicenses 2: 20




Lección nº 3:
CONSEJOS OPORTUNOS
1 Tesalonicenses 3: 1 – 4: 18

El pastor digno
1 Tesalonicenses 3: 1-10
Este pasaje manifiesta la verdadera esencia del espíritu del pastor.
Hay en Pablo un afecto notable... No podemos nunca ejercer una influencia en las personas a menos que empecemos por quererlas. El que empieza por despreciar a las personas y por que no le gusten no podrá nunca hacer nada para salvarlas.
Hay en Pablo también ansiedad... Cuando uno ha puesto lo mejor de sí mismo en algo está ansioso hasta saber cómo va la obra… Si esto es verdad de las cosas, más angustiosamente cierto lo es de las personas. Cuando un pastor ha recibido a un joven como miembro de la iglesia tras años de instrucción está ansioso por ver cómo cumplirá los deberes y responsabilidades de su nueva condición…
Hay en Pablo una disposición a ayudar… Cuando Pablo envió a Timoteo a Tesalónica no fue tanto para inspeccionar aquella iglesia como para ayudarla. La actitud cristiana para con el pecador no debe tender a condenar, sino a ayudar.
Hay en Pablo un profundo gozo. Pablo estaba gozoso porque sus convertidos se mantenían firmes. Tenía el gozo del que ha creado algo que resiste los embates del tiempo. No hay gozo como el del padre que ve que su hijo ha quedado bien.
Y hay en Pablo oración por ellos... Tal vez nunca sepamos de cuántos errores y pecados nos hemos librado y cuántas tentaciones hemos conquistado simplemente porque alguien ha orado por nosotros. Cuando no podamos hacer nada por nadie de ninguna otra manera; cuando, como Pablo, estemos separados de los nuestros a nuestro pesar, hay algo que siempre podremos hacer: orar por ellos.

Todo viene de Dios
1 Tesalonicenses 3: 11-13
Para Pablo todo procede de Dios.
Pide a Dios que le abra el camino para poder ir a Tesalónica. Era a Dios a quien acudía buscando dirección en los problemas ordinarios de la vida de cada día. Uno de los grandes errores de la vida es acudir a Dios solamente en las en las crisis demoledoras.
Muchas veces en las cosas normales, pasamos por alto al Señor, creyendo que podemos arreglárnoslas bien por nosotros mismos; pero en las emergencias nos aferramos a Él, sabiendo que no podemos prescindir de Él.
Eso no le pasaba a Pablo. Hasta en una cosa tan normal y corriente para él como un viaje de Atenas a Tesalónica acudía a Dios en busca de dirección. Pablo acudía constantemente a Él para que dirigiera su vida.
Pide también que Dios permita a los tesalonicenses cumplir la ley del amor en su vida diaria… El que sale por la mañana sin haber hecho oración, está diciendo en efecto: “Puedo arreglármelas solo…” El que se acuesta al final del día sin hablar con Dios, está diciendo: “Puedo asumir perfectamente solo las consecuencias del día de hoy...” Y esto es sumamente peligroso porque vivir la vida sin Dios es prácticamente una empresa irrealizable.
Y sólo así podremos presentarnos delante del Señor cuando Él vuelva…. Pablo tenía en mente la Segunda Venida de Jesucristo y sabía que l a única manera de prepararse para encontrarse con Dios es vivir diariamente con El, porque aquel día será catastrófico para los que se encuentren con Él como con un terrible extraño; pero será un día de Victoria para los que le han seguido fieles.

Una llamada a la pureza
1 Tesalonicenses 4: 1-8
Nos resulta extraño que Pablo se extienda tanto para inculcar la pureza sexual en una congregación cristiana; pero hemos de tener presentes dos cosas. La primera, que hacía poco que los tesalonicenses habían recibido la fe cristiana, y que venían de una sociedad en la que la castidad era una virtud desconocida; y seguían estado en medio de tal sociedad, cuya infección los amenazaba todo el tiempo.
La segunda, no ha habido nunca una época histórica en la que los votos matrimoniales se tomaran tan a la ligera y el divorcio fuera tan desastrosamente fácil.
Entre los judíos, el matrimonio se tenía teóricamente en la más alta estima aunque el divorcio era trágicamente fácil (Deuteronomio 24:1) porque, aunque los rabinos más estrictos interpretaban la Ley como refiriéndose solamente al adulterio, había una interpretación más laxa que ampliaba su sentido hasta incluir asuntos tales como estropear la comida poniéndole demasiada sal, o salir a la calle con la cabeza descubierta, o hablar irrespetuosamente de su familia política en presencia de su marido… Y como era de esperar, fue la aplicación más laxa la más aceptada.
En Roma, bajo el Imperio, el divorcio era un asunto de capricho. Como decía Séneca: “Las mujeres se casaban para poder divorciarse, y se divorciaban para poder casarse”... La moralidad estaba muerta.
En Grecia, la inmoralidad siempre había ido a rienda suelta. Mucho tiempo atrás había dicho Demóstenes: “Mantenemos a las prostitutas para el placer; las concubinas, para las necesidades cotidianas del cuerpo, y las esposas, para tener hijos y para que guarden fielmente nuestros hogares…”
Era a hombres y mujeres que procedían de una sociedad así a los que se dirigía Pablo. Lo que a muchos les parecería un lugar común de la vida cristiana, a aquellos les parecería algo totalmente revolucionario.
Por cierto que hay una necesidad perentoria en el mundo moderno, como la había en Tesalónica, de ponerles delante a hombres y mujeres las demandas insoslayables de la moralidad cristiana, “porque Dios no nos llamó para que viviéramos en la impureza, sino en la consagración”...

El deber de trabajar y el testimonio
1 Tesalonicenses 4: 9-12
Este pasaje empieza con una alabanza y termina con una advertencia… Pablo animaba a los tesalonicenses a mantenerse tranquilos y a ocuparse de sus propios asuntos y a seguir realizando sus trabajos… La predicación de la Segunda Venida había producido una situación extraña e imprevista en Tesalónica. Muchos de los tesalonicenses habían abandonado sus trabajos habituales y andaban por ahí en grupos emotivos, inquietándose a sí mismos y a otros, esperando que se produjera en cualquier momento la Segunda Venida de Cristo. La vida ordinaria estaba desquiciada; el ganarse la vida se dejaba de lado, así que el consejo de Pablo era preeminentemente práctico.
Les decía, de hecho, que la mejor manera en que Jesucristo podía encontrarlos sería tranquilos, haciendo su labor cotidiana eficiente y diligentemente.
Les dijo también que, pasara lo que pasara, tenían que presentar el Evangelio á los de fuera de la iglesia mediante la diligencia y la belleza de sus propias vidas. El andar vagando por ahí, el permitir que su supuesto cristianismo los convirtiera en ciudadanos inútiles, no era más que desacreditar el Cristianismo. La única manera de demostrar que el Cristianismo es la mejor fe de todas es mostrando que produce las mejores personas. El mundo exterior puede que no venga nunca a la iglesia a escuchar un sermón, pero no puede por menos de vernos todos los días fuera de la iglesia; y nuestras vidas son los sermones que han de ganarlos para Cristo.
Les dijo además que tenían que proponerse ser independientes y no vivir como parásitos de la caridad. El efecto de la conducta de los tesalonicenses era que otros tenían que sostenerlos. El cristiano ha de tener una caridad amable que se deleite en dar, y una orgullosa independencia que rechace dejar de suplir sus necesidades con sus propias manos.

Los que duermen…”
1 Tesalonicenses 4: 13-18
La esperanza de la Segunda Venida les había traído otro problema a los de Tesalónica. Esperaban que se produjera inmediatamente; esperaban estar vivos cuando ocurriera, pero estaban preocupados por los cristianos que ya habían muerto. No podían estar seguros de que también participaran de la gloria de ese día. Pablo les responde que tendrán una misma gloria los que ya hayan muerto y los que estén vivos.
Les dice que no deben tener tristeza como los que no tienen ninguna esperanza. Ante la muerte, el mundo pagano se encontraba sumido en la desesperación, pero Pablo establece un gran principio: La persona que ha vivido y muerto en Cristo sigue estando en Cristo y resucitará con Él, como Cristo murió y resucitó.
El cuadro que traza Pablo del Día de la Segunda Venida de Cristo es pura poesía, un intento de describir lo indescriptible. En la Segunda Venida Cristo descenderá del Cielo a la Tierra; dará una voz de mando, a la cual la voz de un arcángel y la trompeta de Dios despertarán a los muertos; entonces los muertos y los vivos serán asumidos igualmente en las carrozas de las nubes para darle la bienvenida a Cristo; y a partir de entonces ya estarán siempre con el Señor.
No debe pretenderse que tomemos lo que es una visión espiritual con un literalismo crudo e insensible. No son los detalles lo importante, sino que tanto en la vida como después de la muerte el cristiano está en Cristo, y esa es una unión que nada puede romper.

Versículo para aprender:

Porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros”
1 Tesalonicenses 4: 9b




Lección nº 4:
CONSEJOS A LA IGLESIA Y SALUDOS
1 Tesalonicense 5: 1- 28

Como ladrón en la noche…”
1 Tesalonicenses 5: 1-11
No conseguiremos entender las imágenes que encontramos en el Nuevo Testamento de la Segunda Venida a menos que recordemos que tienen el trasfondo del Antiguo Testamento. La concepción del Día del Señor es muy corriente en el Antiguo Testamento; y todas las figuras y la trama del Día del Señor se han aplicado a la Segunda Venida.
Para los judíos, la historia del tiempo se dividía en dos edades. Estaba esta edad presente, que era total e incurablemente mala; y la edad por venir, que sería la edad de oro de Dios. Entre las dos estaba el Día del Señor, que sería un día terrible en el que un mundo sería destruido y otro nacería.
Muchas de las más terribles descripciones del Antiguo Testamento se refieren al Día del Señor (Isaías 22:5; 13:9; Sofonías 1:14-16; Amós 5:18; Jeremías 30:7; Malaquías 4:1; Joel 2:31).
Sus principales características son las siguientes: se produciría repentina y inesperadamente, implicaría un cataclismo cósmico en el que el universo sería sacudido desde sus cimientos y sería un tiempo de juicio.
Como es natural, los autores del Nuevo Testamento identificaron para todos los propósitos el Día del Señor con la Segunda Venida de Jesucristo.
Naturalmente, se quería saber cuándo llegaría ese Día, aunque el mismo Jesús había dicho claramente que nadie sabía el día ni la hora cuando se produciría, ni siquiera Él mismo, sino sólo el Padre (Marcos 13:32; Mateo 24:36; Hechos 1:7). Pero aquello no hizo que algunos dejaran de especular con este tiempo…De esas especulaciones Pablo tiene dos cosas que decir:
Ratifica que la llegada de ese Día será repentina; que vendrá como ladrón en la noche… Pero que no debemos estar desapercibidos. El cristiano vive a la luz; y no importa cuándo se produzca ese Día, si está vigilante y sobrio le encontrará preparado.
La persona que ha vivido toda la vida con Cristo está siempre dispuesta para entrar a Su más íntima presencia.

Consejos a la Iglesia
1 Tesalonicenses 5: 12-22
Pablo pone fin a su carta con una lista de buenos consejos. Los dispone de una manera resumida, pero cada uno de ellos merece nuestra atenta consideración.
Pablo dice: “Respetad a vuestros dirigentes”; y la razón por la que deben respetarlos es por la obra que llevan a cabo. No es cuestión de prestigio personal; es la labor lo que hace grande a una persona, y es el servicio que está prestando lo que constituye su emblema de honor.
Dice también: “Vivid en paz”. Es imposible predicar el Evangelio del amor en un ambiente de odio. Es mejor marcharse de una congregación en la que no se es feliz ni se hacen felices a otros, y buscarse una en la que se pueda vivir en paz.
El versículo 14 selecciona a los que necesitan un cuidado y una atención especiales. La palabra para remolones describía originalmente al soldado que había abandonado el ejército… Los pusilánimes son literalmente los que tienen el alma pequeña. En todas las comunidades hay hermanos desanimados que temen instintivamente lo peor, pero también debe de haber cristianos que, siendo animosos, ayudan a otros a ser valientes.
Sed apoyo de los débiles” es un consejo precioso. En vez de dejar que el hermano débil sea arrastrado a la deriva y acabe por alejarse totalmente, la comunidad cristiana debe hacer un esfuerzo para sujetarle para que no se pierda…
Ser pacientes con todos es tal vez una de las cosas más difíciles, porque a menudo nos encontraremos con personas que persisten en situaciones negativas una y otra vez… Pero debemos soportarlos sin condenar…
Pablo dice también: “No seáis vengativos”… Aunque haya alguien que busque nuestro mal, debemos conquistarle buscando su bien.
Los versículos 16-18 nos dan tres señales de la iglesia genuina.
Es una iglesia feliz. Hay en ella un ambiente de gozo que hace que sus miembros se sientan alegres por su condición y por formar parte de ella…
Es una iglesia que ora sin cesar... La oración es integrar a Dios realmente en nuestra comunión porque hablamos con Él; y cuando lo hacemos juntos la bendición se multiplica…
Es una iglesia agradecida. Siempre hay algo por lo que dar gracias; hasta en el día más aciago se pueden contar las bendiciones.
En los versículos 19 y 20 Pablo advierte a los tesalonicenses que no desprecien los dones espirituales. Debemos recordar que los profetas eran los equivalentes de los predicadores de nuestro tiempo, los que llevaban el mensaje de Dios a la congregación.
Los versículos 21 y 22 describen el deber constante del cristiano: probar todas las cosas de acuerdo con las enseñanzas de Cristo; y aunque sea difícil debe seguir haciendo el bien y apartándose de todo lo que sea malo.
Cuando una iglesia vive a la altura del consejo de Pablo, alumbra como una luz que brilla en un lugar oscuro; tiene gozo en sí y poder para ganar a otros.

El saludo final y un precioso pedido
1 Tesalonicenses 5: 23-28
Al final de esta carta, Pablo encomienda a sus hermanos en cuerpo, alma y espíritu a Dios.
Hay aquí un pedido muy precioso: “Hermanos orad por nosotros”... Es maravilloso que el más notable apóstol de todos ellos se sintiera fortalecido por las oraciones de los cristianos más humildes. Para Pablo, la oración era la cadena de oro en la que él oraba por otros y otros por él.
En nuestros día algunos pastores destacados suelen decirnos que oraran por nosotros, dándonos a entender que, desde su dignidad, habrán de tenernos en cuenta delante de Dios… Pero a muchos de ellos les cuesta pedir que nosotros oremos por ellos porque, tal vez, esa sea una señal de debilidad… Pablo no tenía este tipo de dudas: sabía que su ministerio se afirmaba en las oraciones de todos sus hermanos…

Versículo para aprender:

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios”
1 Tesalonicenses 5: 6




Lección nº 5:
EL HIJO DE PERDICIÓN Y
LA DEMANDA Y EL ESFUERZO
2 Tesalonicenses 1: 1 – 2: 17

Ánimo y reconocimiento
2 Tesalonicenses 1
Tenemos en este pasaje inicial toda la sabiduría de un verdadero maestro. Parece que los tesalonicenses le habían enviado a Pablo un mensaje lleno de dudas. Habían tenido miedo de que su fe no iba a poder resistir la prueba… La respuesta de Pablo tenía por objeto resaltar sus virtudes y logros de tal manera que aquellos cristianos desanimados y timoratos se sintieran fortalecidos.
Hay tres cosas que Pablo escoge como señales de la iglesia vital:
a) Una fe que es estable. Es la marca del cristiano en progreso que cada vez está más seguro de Jesucristo. La fe que puede que empezara por una hipótesis culmina en una certeza.
b) Un amor en ascendente. Una iglesia que crece es la que aumenta en capacidad de servicio. Uno puede que empiece sirviendo a sus semejantes por el sentimiento del deber que le impone su fe cristiana, y que culmine sirviéndolos porque ese es su mayor gozo.
c) Una constancia que resiste. Pablo usa una palabra magnífica, hypomoné, que se suele traducir por paciencia, pero que no quiere decir la habilidad de soportar pasivamente lo que se le venga a uno encima… Describe el espíritu que no solo se mantiene firme en circunstancias difíciles, sino que las conquista.
El mensaje animador de Pablo acaba en la visión más alentadora de todas. Acaba en lo que podríamos llamar la gloria recíproca. Cuando Cristo venga otra vez será glorificado en sus santos y admirado por los que hayan creído... Aquí tenemos la verdad notable de que nuestra gloria es Cristo y la gloria de Cristo somos nosotros. La gloria de Cristo está en los que han aprendido en Él a resistir y a conquistar, y así a brillar como luces en un lugar oscuro.
La gloria de un maestro está en los discípulos que produce; la de los padres, en los hijos que educan no solo para que sepan ganarse la vida sino para que la enriquezcan; a nosotros se nos conceden el tremendo privilegio y la tremenda responsabilidad de que la gloria de Cristo esté en nosotros.
¿Puede haber mayores privilegios y responsabilidad?

El hijo de perdición
2 Tesalonicenses 2: 1-12
Este es, sin duda, uno de los pasajes más difíciles de todo el Nuevo Testamento; y lo es porque usa términos y piensa en figuras que les eran perfectamente familiares a los que se dirigía Pablo pero que nos son totalmente extraños.
El cuadro general es este. Pablo les estaba diciendo a los tesalonicenses que debían abandonar esa espera nerviosa y tensa de la Segunda Venida. Negaba haber dicho nunca que el Día del Señor hubiera llegado. Esa era una falsa interpretación de sus palabras que no se le podía atribuir a él; y les decía que antes del Día del Señor sucederían muchas cosas.
Primero, habría una era de rebelión contra Dios; ya se había introducido en este mundo un poder maligno secreto que estaba obrando en el mundo y en los hombres para producir ese tiempo de rebelión. En algún lugar se estaba ocultando uno que era la encarnación del mal como Jesús lo era de Dios. Era el Hombre del Pecado, el Hijo de Perdición, el Sin Ley. A su debido tiempo, el poder que lo estaba reteniendo desaparecería de la escena; y entonces vendría ese demonio encarnado. Cuando viniera, reuniría a su propio pueblo de la misma manera que nuestro Señor Jesucristo había reunido al suyo. Los que se habían
negado a aceptar a Cristo estaban esperando para aceptarle a él. Entonces se produciría la última batalla, en la que Cristo le destruiría totalmente…
Pablo estaba tratando de una serie de ideas que eran propiedad común de los antiguos. Los judíos también tenían esa idea. Llamaban al poder satánico Belial (Deuteronomio 13:13; 1 Reyes 21:10,13; 2 Samuel 22:5). En 2 Corintios 6:15 Pablo usa este término como el contrario a Dios. Ese mal encarnado era la antítesis de Dios. Los cristianos asumieron esas ideas, después de Pablo, dándole el título de el Anticristo (1 Juan 2:18,22; 4:3). Obviamente, tal poder no podía seguir existiendo en el universo indefinidamente, así es que había una creencia muy extendida de que habría una batalla final en la que Dios triunfaría, y esta fuerza anti-Dios sería definitivamente destruida. Ese es el cuadro que Pablo está desplegando aquí.
Así es que Pablo describe una creciente rebelión contra Dios, la emergencia de uno que sería la encarnación del diablo como Cristo era la de Dios, y tendría lugar una batalla final en la que triunfaría definitivamente Dios.
Cuando este mal encarnado se introdujera en el mundo habría algunos que le reconocerían como su señor, los que habían rechazado a Cristo; los cuales, con su maligno jefe, serían finalmente derrotados y juzgados.
Aunque estas figuras nos parezcan muy remotas, sin embargo contienen ciertas verdades permanentes.
a) Existe una fuerza del mal en el mundo… Escondemos la cabeza en la arena si negamos que hay un poder del mal que obra en el mundo.
b) Dios está en el control de todo; las cosas puede que parezca que se van precipitando hacia el caos, pero Dios, por su misma esencia, tiene el control…
c) El triunfo definitivo de Dios es seguro. A fin de cuentas, nada puede mantenerse contra Él.

La demanda y el esfuerzo
2 Tesalonicenses 2: 13-17
En este pasaje encontramos una especie de sinopsis de la vida cristiana.
Empieza con la llamada de Dios. No habríamos nunca podido ni siquiera buscar a Dios si no fuera porque Él ya nos hubiera encontrado. La iniciativa es exclusivamente suya; la base y la causa motriz de todo esto es su amor buscador.
Esto se desarrolla en nuestro esfuerzo. El cristiano no es llamado a soñar, sino a luchar; no a quedarse quieto, sino a escalar. Es llamado, no solamente al mayor privilegio, sino también a la mayor tarea del mundo.
Este esfuerzo tiene la ayuda continua de:
a) De la enseñanza, dirección y ejemplo de personas piadosas.
Dios nos habla por medio de aquellos a los que El ya ha hablado. Y hay algunos que nos ayudan, no con nada que hayan escrito o dicho, sino simplemente siendo como son, hombres y mujeres en los que nos encontramos con Dios.
b) Tiene la ayuda de Dios mismo; Él no nos deja solos para luchar y trabajar. El que nos da la tarea también nos da la fuerza y la habilidad para llevarla a cabo… Detrás de nosotros y a nuestro lado está Dios.
Esta llamada y este esfuerzo están diseñados para producir:
a) La consagración en la tierra. Literalmente en griego, una cosa que está consagrada está apartada para Dios. Están diseñadas para apartarnos de tal manera que Dios nos pueda usar en su servicio. El resultado es que la vida de una persona ya no le pertenece para hacer con ella lo que quiera, sino que pertenece a Dios para que Él la use como quiera.
b) Están diseñados para producir la salvación en el Cielo. La vida cristiana no acaba en el tiempo; su destino es la eternidad. El cristiano puede considerar esta aflicción presente como una cosa ligera en comparación con la gloria que se manifestará.

Versículo para aprender:

Para que el Nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en Él”
2 Tesalonicenses 1: 12a




Lección nº 6:
CARACTERÍSTICAS DEL CRISTIANO
Y CONSEJOS PARA LA DISCIPLINA
2 Tesalonicenses 3: 1- 18

Características interna y externa del cristiano
2 Tesalonicenses 3: 1-5
Una vez más Pablo llega al final de la una carta pidiendo a sus amigos que oren por él (1 Tesalonicenses 5:25; Romanos 15:30ss; Filemón 22).
Hay algo profundamente conmovedor en la escena de este gigante en la fe pidiendo las oraciones de los tesalonicenses, que reconocían su propia debilidad. Aquí es donde se ve con mayor claridad la humildad de Pablo.
Pero, a pesar de su amor y confianza en las personas, Pablo era realista. La fe, decía, no es cosa de todos. Podemos estar seguros de que no lo decía con cinismo, sino con dolor. Una vez más vemos la tremenda responsabilidad del libre albedrío.
Podemos usarlo para abrir nuestros corazones, o para cerrarlos. La llamada de la fe no es selectiva; se dirige a todo el mundo; pero el corazón humano puede negarse a responder.
En el último versículo de este pasaje vemos lo que podríamos llamar las características internas y externas del cristiano…
La característica interior es la conciencia del amor de Dios, la profunda conciencia de que no podemos ser arrastrados más allá de su cuidado, el sentimiento de que los brazos eternos nos rodean siempre. Una de las necesidades básicas de la vida es la de seguridad, y la encontramos satisfecha en el conocimiento del amor inalterable de Dios.
La característica externa es la resistencia que puede darnos Cristo. Vivimos en un mundo en el que hay más colapsos nerviosos que en ninguna otra época de la Historia. Esto es señal de que más y más personas tienen el sentimiento de que no pueden enfrentarse con la vida.
La característica externa del cristiano es que, cuando otros se derrumban, permanece erguido, y cuando otros colapsan, asume su carga y prosigue adelante.
Con el amor de Dios en el corazón y la resistencia de Cristo en la vida se puede arrastrar cualquier cosa.

Consejos para la disciplina cristiana
2 Tesalonicenses 3: 6-18
Aquí trata Pablo, como ya tuvo que hacerlo en la carta anterior, de la situación que producían los que adoptaban una actitud indebida en relación con la Segunda Venida.
Había algunos en Tesalónica que habían dejado de trabajar y abandonado sus obligaciones cotidianas para esperar la llegada del Señor en una ociosidad histérica. Pablo usa una palabra muy expresiva para describirlos. Dos veces usa el adverbio atáktós y una el verbo ataktein, que quieren decir “hacer el vago” u holgazanear…
Para que se den cuenta, Pablo les cita su propio ejemplo. Toda la vida fue un obrero manual. Los judíos tenían en alta estima el trabajo.
Pablo se había graduado como rabino; pero la ley judía establecía que un rabino no podía cobrar por enseñar, sino tenía que tener una profesión secular para cubrir sus necesidades con el trabajo de sus manos. Así es que encontramos rabinos que eran panaderos, barberos, carpinteros, albañiles y toda clase de artesanos. Los judíos creían en la dignidad del trabajo honrado, y estaban seguros de que un investigador perdía algo cuando llegaba a ser tan académico que se olvidaba de trabajar con las manos. Pablo cita un dicho: “Que el que se niegue a trabajar, tampoco coma”… Es el negarse a trabajar lo que es importante. No se refiere al pobre hombre que no encuentra trabajo.
En esto tenemos el ejemplo del mismo Jesús. Era el carpintero de Nazaret, y hay una leyenda que dice que hacía los mejores yugos de Palestina, y que llegaba gente de todas partes a comprárselos. El árbol se conoce por sus frutos, y el hombre por sus trabajos. El cristiano debe ser un trabajador más concienzudo que ningún otro.
Pablo manda que los que no hagan caso de sus instrucciones deben ser disciplinados por la comunidad, pero que no hay que tratarlos como a enemigos, sino como a hermanos.
La disciplina impuesta por alguien que mira por encima del hombro al pecador y le hace temblar cuando le reprende, puede que aterre y que ofenda, pero no conseguirá enmendar. Es más probable que produzca resentimiento que reforma. Cuando se haga necesaria la disciplina cristiana se ha de administrar por un hermano a un hermano, no con ira, y menos con desprecio, sino siempre con amor.

Al final de su carta Pablo escribe unas líneas de su puño y letra para que la reconozcan como suya…
Tal vez lo hizo para destacar las advertencias previas; tal vez los hizo para que los tesalonicenses tuvieran la certeza de que era él quien les escribía, en virtud de los problemas que se habían suscitado… Tal vez fue sólo una necesidad del afecto.
Y entonces, después de exponer la verdad, con alabanza y reprensión amorosamente entremezcladas, encomienda la iglesia tesalonicense a la gracia del Señor Jesucristo.

Versículo para aprender:

Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien”
2 Tesalonicenses 3: 13