LECCIONES SOBRE LA CARTA A LOS GÁLATAS (Completo)


COMENTARIO DE LA CARTA A LOS GÁLATAS

Lección nº 1:
INTRODUCCIÓN

El ataque de los judíos
Alguien ha comparado la Carta a los Gálatas con una espada en la mano de un gran esgrimidor. Tanto Pablo como su Evangelio eran objeto de ataque. Si ese ataque hubiera triunfado, el Cristianismo no habría pasado de ser otra secta judía, dependiente de la circuncisión y de la observancia de la ley mosaica, en lugar de ser la religión de la Gracia.
Es extraño pensar que, si los oponentes de Pablo se hubieran salido con la suya, el Evangelio habría sido exclusivamente para los judíos, y nosotros no habríamos tenido nunca la oportunidad de conocer el amor de Cristo.

Un apóstol cuestionado
No es posible tener una personalidad relevante y un carácter fuerte como los de Pablo sin encontrar oposición; ni tampoco es posible que un hombre dirija una revolución del pensamiento religioso como hizo él, sin ser objeto de ataque.
El primer ataque fue contra su apostolado. Había muchos que decían que Pablo no era ningún apóstol.
Desde su punto de vista tenían razón. En Hechos 2:21-22 tenemos la definición básica de un apóstol. Judas, el traidor, había cometido suicidio; entonces se definieron las condiciones que debía cumplir el candidato a cubrir la vacante en el grupo apostólico. Tenía que haber sido “uno de estos hombres que estuvieron con nosotros durante todo el tiempo que nuestro Señor entró y salió entre nosotros, empezando desde el bautismo de Juan, hasta el día en que nos fue retirado”, y “un testigo de la Resurrección”. Para ser apóstol, un hombre tenía que haber sido seguidor de Jesús durante su vida terrenal, y haber sido testigo presencial de su Resurrección. Está claro que Pablo no cumplía esas condiciones. Además, no hacía tanto tiempo que había sido el gran perseguidor de la Iglesia Cristiana original.
En el primer versículo de esta carta, Pablo contesta a eso. Insiste con determinación en que su apostolado no procedía de ningún origen humano, ni ninguna mano humana le había ordenado para ese ministerio, sino que había recibido la llamada directamente de Dios. Podían haber sido otras las cualidades que se requerían para ser considerado apóstol cuando se produjo la primera vacante en el grupo de los Doce; pero él tenía una cualidad exclusiva: se había encontrado con Cristo cara a cara en el camino de Damasco.

Llamado por Dios y aprobado por la Iglesia
Además, Pablo insiste en que su mensaje no dependía de ninguna persona humana. Es precisamente por eso por lo que refiere detalladamente en los dos primeros capítulos sus visitas a Jerusalén. Insiste en que no está predicando ningún mensaje de segunda mano que haya recibido de otra persona; está predicando el mensaje que ha recibido directamente de
Cristo.
Pero Pablo no era ningún anarquista. Insiste en que, aunque recibió su mensaje con una independencia total, sin embargo había recibido la aprobación de los que eran los dirigentes reconocidos de la Iglesia Cristiana (2:6-10). El Evangelio que él predicaba lo había recibido directamente de Dios; pero era un Evangelio que estaba totalmente de acuerdo con la fe que se le había comunicado a la Iglesia.

Los judíos dogmáticos
Pero ese Evangelio era igualmente objeto de ataque. Era una lucha que tenía que producirse, y una batalla que había que librar.
Había judíos que habían aceptado el Cristianismo, pero creían que todas las promesas y los dones de Dios eran exclusivamente para los judíos; y que no se podía dar entrada a estos preciosos privilegios a ningún gentil. Por tanto creían que el Cristianismo era para los judíos, y para ellos solos.
Cuando este tipo de judío veía a Pablo llevar el Evangelio a los despreciados gentiles, se disgustaba y enfurecía.

La Ley y la Gracia
Todo esto tenía una salida. Si un gentil quería ser cristiano, se tenía que hacer judío primero. ¿Qué suponía eso? Pues que tenía que circuncidarse y asumir toda la carga de la ley mosaica. Eso era para Pablo todo lo contrario de lo que quería decir el Evangelio. Quería decir que la salvación de una persona dependía de su capacidad para cumplir la ley, y que podía ganarla por sus propios medios sin ayuda de nadie; mientras que para Pablo la salvación era algo totalmente dependiente de la Gracia.
Creía que ninguna persona podía merecer nunca el favor de Dios. Lo único que podía hacer era aceptar en un acto de fe el amor que Dios le ofrecía, sometiéndose totalmente a su misericordia.
Para él lo único esencial no era lo que una persona pudiera hacer por Dios, sino lo que Dios había hecho por ella.
Los judíos reclamaban ser hijos de Abraham, y Pablo les hará ver que Abraham no respondió a la Ley, porque la Ley fue dada a Moisés cientos de años después, sino que su respuesta fue un acto de fe… Cuando Dios le dijo que dejara su pueblo y saliera, Abraham realizó un sublime acto de obediencia por la fe, y salió confiando sólo en Dios…
Fue la fe lo que salvó a Abraham, no la ley; y, seguiría diciendo Pablo, es la fe lo que debe salvarnos a todos, no las obras de la ley. El verdadero hijo de Abraham no es el que puede trazar su ascendencia directamente hasta Abraham, sino el que, cualquiera que sea su raza, hace el mismo rendimiento de fe a Dios.

Si todo esto es verdad, surge una pregunta muy seria: ¿Cuál es entonces el lugar de la Ley? No se puede negar que fue dada por Dios. ¿No la elimina sencillamente esta insistencia en la Gracia?
La Ley tiene su propio lugar en el plan de Dios.
En primer lugar, le dice a la humanidad lo que es el pecado. Si no hubiera ley, nadie podría quebrantarla, y no habría por tanto tal cosa como pecado. En segundo y más importante lugar, la Ley realmente conduce a la persona a la Gracia de Dios. El problema de la Ley es que, como somos pecadores, no la podemos cumplir perfectamente nunca. Su efecto por tanto, es mostrarle a la persona su incapacidad, y conducirla a desesperar de sí misma y confiar solamente en la misericordia de Dios.
La Ley nos convence de nuestra propia insuficiencia, y por último nos impulsa a admitir que lo único que nos puede salvar es la Gracia de Dios. En otras palabras: la Ley es una etapa esencial en el camino a la Gracia.
El gran tema de Pablo en esta epístola es que no podemos salvarnos a nosotros mismos, pero Dios nos ofrece la salvación en Jesucristo por su Gracia.

Versículo para aprender:
Si alguno os preica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1: 9)




Lección nº 2:
EL ESCLAVO DE CRISTO
Gálatas 1: 1-10
Gracia y Paz
Gálatas 1: 1-5
A los miembros de las iglesias de Galacia habían llegado algunos diciéndoles que Pablo no era un verdadero apóstol, y que no tenían por qué creer lo que él les había dicho. Basaban su menosprecio de Pablo en el hecho de que él no había sido uno de los doce apóstoles originales; y que, de hecho, había sido el más salvaje perseguidor de la Iglesia; y que no tenía, como si dijéramos, ningún nombramiento oficial de los responsables de la Iglesia.
La respuesta de Pablo no fue una discusión, sino una afirmación. No debía su calidad de apóstol a ninguna persona, sino al día en que Jesucristo se le presentó cara a cara en el camino de Damasco. Su ministerio y su misión procedían directamente de Dios.
Pablo estaba seguro de que Dios le había hablado. En último análisis, ningún hombre puede hacer a otro ministro o siervo de Dios. Sólo Dios puede hacerlo. La prueba de un cristiano no es si ha pasado ciertas ceremonias y asumido ciertos votos, sino si se ha encontrado con Cristo cara a cara.
La verdadera causa de la capacidad de Pablo para bregar y sufrir era que estaba seguro de que su misión le había sido encomendada por Dios. Consideraba todos los esfuerzos que se le exigían como privilegios que Dios le concedía.
Y la tarea que Dios le dio a Pablo fue la evangelización del mundo
Al principio de su carta, Pablo resume sus deseos y oraciones por sus amigos de Galacia en dos tremendas palabras:
Les desea gracia. Hay dos ideas principales en esta palabra que por suerte para nosotros se conservan en español:
La palabra griega jaris quiere decir gracia en el sentido teológico; pero también quiere decir belleza y encanto. Y hasta cuando se usa teológicamente siempre conserva la idea del encanto… Si la vida cristiana refleja la Gracia de Dios, debe ser algo hermoso y atractivo.
Además está la idea una generosidad inmerecida, un regalo que uno no podría ganar nunca, que la el generoso amor de Dios…
También les desea paz. Pablo era judío, y tendría en mente la palabra hebrea shalóm, aunque escribió en griego eiréné.
Shalóm quiere decir mucho más que la ausencia de problemas. Quiere decir todo lo que contribuye al bien supremo de la persona, todo lo que hace su mente pura, su voluntad firme y su corazón feliz. Es ese amor y cuidado de Dios que, aunque el cuerpo esté sufriendo, puede mantener el corazón sereno.
Por último, Pablo resume en una sola frase el corazón y la obra de Jesucristo: “Él se dio a sí mismo... para rescatarnos”.
El amor de Cristo es un amor que dio y sufrió… Pero también es un amor que conquistó y logró la victoria...
En esta vida, la tragedia del amor es que queda tantas veces frustrado; pero el amor de Cristo está respaldado por un poder infinito que nada puede frustrar y que puede rescatar al ser amado de la esclavitud del pecado.

Esclavo de Cristo
Gálatas 1: 6-10
La verdad fundamental que se esconde en esta epístola es que el Evangelio de Pablo era el Evangelio de la Gracia. Él creía con todo su corazón que una persona no podía hacer nada para ganar el amor de Dios; y, por tanto, lo único que uno podía hacer era rendirse delante de Dios en un acto de fe. Lo único que uno podía hacer era aceptar con gratitud lo que Dios le ofrecía; lo importante no es lo que podamos hacer por nosotros mismos, sino lo que Dios ha hecho por nosotros.
Lo que Pablo había predicado a los gálatas había sido el Evangelio de la Gracia de Dios. Después de él habían llegado unos predicando una versión judía del Evangelio. Proclamaban que si se quería agradar a Dios había que circuncidarse y consagrarse a cumplir todas las reglas y normas de la Ley… Estaban enseñando que una persona necesitaba ganarse el favor de Dios. Para Pablo eso era imposible.
Los oponentes de Pablo declaraban que él ponía la religión demasiado fácil para congraciarse con la gente. De hecho, esa acusación era lo contrario de la verdad. Después de todo, si la religión consistiera en cumplir un conjunto de reglas y normas sería posible, por lo menos en teoría, satisfacer sus exigencias; pero Pablo presentaba la Cruz diciendo: “Así os ha amado Dios”. Entonces la religión se convierte en un asunto, no de satisfacer las exigencias de la ley, sino de cumplir las demandas del amor. Una persona puede satisfacer las exigencias de la ley, porque tienen límites estrictos y estatutarios; pero nunca podrá cumplir las demandas del amor, que son infinitas… Pero lo único que podían ver los oponentes judíos de Pablo era que había enseñado que la circuncisión ya no era necesaria, ni la ley pertinente.
Pablo negaba estar intentando congraciarse con la gente. No era a la gente a la que servía, sino a Dios. No le importaba lo más mínimo lo que la gente pensara o dijera de él: su único
Amo era el Señor. Y entonces presentó una prueba concluyente: “Si yo estuviera tratando de congraciarme con la gente no sería esclavo de Cristo”.
Lo que tenía en mente era que un esclavo llevaba marcado en el cuerpo con un hierro candente el nombre de su amo; y él llevaba en su cuerpo las cicatrices de sus sufrimientos, que eran la marca de ser esclavo de Jesucristo.
Es cuando los demás ven que estamos dispuestos a sufrir por la fe que decimos tener cuando empiezan a creer que la tenemos de veras. Si la fe no nos costara nada, los demás no la valorarían en nada.

Llamada directa del Señor
Gálatas 1: 11-17
Pablo estaba seguro y aseguraba que el Evangelio que predicaba no era algo de segunda mano; le había llegado directamente de Dios. Esa era una pretensión extraordinaria, y exigía alguna clase de prueba. Como prueba, Pablo tuvo el valor de referirse al cambio radical que había tenido lugar en su propia vida.
Había sido un absoluto fanático de la Ley; y ahora, el centro dominante de su vida era la Gracia. Este hombre, que había tratado de ganarse el favor de Dios con un apasionamiento intenso, estaba ahora contento de tomar humildemente por la fe lo que se le ofrecía amorosamente.
Había sido el gran perseguidor de la Iglesia. La había “asolado”… La palabra que usa es la que describe la devastación total de una ciudad… Y ahora, su único objetivo, por el que estaba dispuesto a consumir su vida hasta la muerte, era extender esa misma Iglesia por todo el mundo.
Es algo digno de mención en Pablo el que no tuviera reparo en presentar el informe de su propia vergüenza para mostrar el poder de Dios.
Tenía dos cosas que decir acerca de esa intervención:
No fue una cosa improvisada; formaba parte del plan eterno de Dios… Y además sabía que había sido escogido para una tarea; no para recibir honores, sino para servir; no para una vida fácil, sino para la lucha.
Pablo sabía que había sido salvado y llamado por Dios para servir a la causa universal del Evangelio.

Los primeros pasos
Gálatas 1: 18-25
Cuando leemos este pasaje vemos lo que Pablo hizo cuando la mano de Dios le detuvo.
Primero, se retiró a Arabia para estar a solas, y por dos razones. La primera, porque tenía que pensar a fondo eso tan tremendo que le había sucedido; la segunda, tenía que hablar con Dios antes de hablar a los hombres.
Segundo, volvió a Damasco. Eso requería coraje. Había ido a Damasco la vez anterior para acabar con la Iglesia, y entonces Dios le detuvo; y todo Damasco lo sabía; pero volvió lo antes posible para darles su testimonio a las personas que conocían muy bien su pasado… Nuestro testimonio cristiano, como nuestra caridad, debe empezar en casa.
Tercero, Pablo fue a Jerusalén. De nuevo le vemos exponiendo su vida. Sus amigos judíos de antes, estarían buscando su vida, porque le consideraban un renegado. Sus víctimas de antes, los cristianos, no le querrían recibir, porque les costaría creer que fuera un hombre cambiado; pero Pablo tuvo el valor de enfrentarse con su pasado.
Finalmente Pablo fue a Siria y Cilicia. Allí era donde estaba Tarso, donde se había criado. Allí estaban los amigos de su niñez y juventud… Sin duda le tendrían por loco; se enfrentarían con él con ira o, con algo aun peor, con sarcasmo. Pero él estaba preparado a que le tomaran por loco por causa de Cristo.
En estos versículos, Pablo estaba tratando de defender y demostrar la independencia de su Evangelio. No lo había recibido de ningún hombre, sino de Dios. No lo consultó con ninguna persona, sino con Dios. Pero, mientras escribía, se retrató a sí mismo como un hombre que tenía valor para testificar de su cambio y predicar su Evangelio en los lugares más difíciles.

Versículo para aprender:
...Y glorificaban a Dios en mí” (Gálatas 1: 24)




Lección nº 3:
SÓLO LA GRACIA
Gálatas 2: 1-21

Convicciones firmes
Gálatas 2: 1-10
En el pasaje anterior, Pablo ha demostrado la independencia de su Evangelio; aquí está interesado en demostrar que esa independencia no es anarquía, y que su Evangelio no es algo cismático ni sectario ni distinto de la fe que se ha entregado a la Iglesia.
Después de un trabajo de catorce años, subió a Jerusalén llevando consigo a Tito, un joven amigo y adepto que era griego. Esa visita no fue fácil en ningún sentido…
Desde el principio, los verdaderos responsables de la Iglesia aceptaron la posición de Pablo; pero hubo otros que se propusieron domesticar su espíritu ardiente. Había algunos que, como ya hemos visto, aceptaban el Evangelio, pero creyendo que Dios no concedía ningún privilegio a los que no fueran judíos; y que, por tanto, antes de que un gentil pudiera ser cristiano, tenía que ser circuncidado y asumir la totalidad de la Ley.
Estos judaizantes, como se los llama, tomaron el caso de Tito como un prueba. Hay una batalla detrás de este pasaje; y parece probable que los responsables de la Iglesia presionaran a Pablo para que, por amor de la paz, cediera en el caso de Tito. Pero él se mantuvo firme como una roca. Sabía que ceder habría sido someterse a la esclavitud de la ley y dar la espalda a la libertad que hay en Cristo.
Por último, la determinación de Pablo obtuvo la victoria. En principio se aceptó que llevaría a cabo su obra en el mundo no judío, y Santiago y Pedro la suya en el mundo judío. Pero era el mismo Evangelio que se predicaba en dos esferas diferentes, por personas diferentes, especialmente cualificadas para hacerlo.
De este cuadro se deducen claramente ciertas características de Pablo:
Era un hombre que daba a la autoridad el debido respeto. Fue y habló con los responsables de la Iglesia, aunque tuviera sus diferencias con ellos. No había razones para que la cortesía y las firmes convicciones no fueran de la mano…
Era un hombre que no se dejaba intimidar… Menciona repetidas veces la reputación que disfrutaban los responsables y los pilares de la Iglesia; Pablo los respetaba y trataba con cortesía; pero permanecía inflexible porque estaba seguro de buscar, no la aprobación de los hombres, sino la de Dios.
Era un hombre consciente de tener una tarea especial. Estaba convencido de que Dios le había confiado una tarea, y no permitía que nada le impidieran cumplirla…

Contra la hipocresía
Gálatas 2: 11-13
El problema no se había terminado ni muchísimo menos. Una parte importante de la vida de la Iglesia original era una comida en común que llamaban el Agapé, o Fiesta del Amor. En esta fiesta, toda la congregación se reunía para participar de una comida general provista mediante un reparto de los recursos o medios que se tuvieran. Para muchos de los esclavos debe de haber sido la única comida decente que hacían en toda la semana; y expresaba de una manera muy especial la comunión de los cristianos.
Eso parece, a primera vista, una cosa muy hermosa. Pero debemos recordar el exclusivismo rígido de los judíos más fanáticos. Se consideraban el pueblo escogido de tal manera que implicaba el rechazo de todos los demás. Este exclusivismo entraba en la vida diaria. Un judío estricto tenía prohibido hasta tener una relación comercial con un gentil; no debía hacer un viaje con un gentil; no debía ni dar hospitalidad ni aceptarla de un gentil.
Aquí en Antioquía surgió un problema tremendo: en vista de todo esto, ¿podían sentarse juntos los judíos y los gentiles en una comida congregacional? Si se cumplía la ley antigua, está claro que era imposible. Pedro vino a Antioquía, y, en un principio, apartándose de los antiguos tabúes en la gloria de la nueva fe, participaba de la comida en común entre judíos y gentiles. Entonces llegaron algunos de Jerusalén que eran del bando judío tradicionalista. Usaban el nombre de Santiago, aunque seguramente no representaban su punto de vista, y se metieron tanto con Pedro que acabó por retirarse de la comida congregacional. Los otros judíos se retiraron también con él, y por último hasta Bemabé se vio implicado en esta secesión.
Fue entonces cuando Pablo habló con toda la intensidad de que era capaz su naturaleza apasionada, porque vio claramente algunas cosas:
Una iglesia deja de ser cristiana cuando hace discriminación de clases. En la presencia de Dios, una persona no es judía ni gentil, noble ni plebeya, rica ni pobre; es un pecador por quien Cristo murió.
Pablo no esperó; intervino… No influía en él el hecho de que estuviera en ello el nombre y la conducta de Pedro. Era algo malo, y eso era todo lo que le importaba a Pablo...

Sólo por Gracia
Gálatas 2: 14-17
Aquí se llega por fin a la verdadera raíz del asunto. Se estaba imponiendo una decisión que no se podía aplazar mucho más. El hecho del asunto era que la decisión de Jerusalén había sido una componenda; y, como todas las componendas, tenía en sí misma el germen de la discordia.
En efecto, la decisión había sido que los judíos seguirían viviendo como judíos, observando la circuncisión y la ley, pero que los gentiles eran libres de estas obligaciones. Estaba claro que las cosas no podían seguir así, porque la consecuencia inevitable era que se produjeran dos tipos de cristianos, y dos clases distintas dentro de la Iglesia.
El razonamiento de Pablo seguía este camino…Por eso advirtió a Pedro cuando aparentemente Pedro dio un paso atrás. Aquello no tenía sentido para Pablo.
Aquí debemos estar seguros del sentido de una palabra. Cuando los judíos aplicaban la palabra pecadores a los gentiles, no estaban pensando en sus cualidades morales, sino en la observancia de la ley; para los judíos el pecador era el que no cumplía la Ley…
Por eso plantea un hecho dramático ante la actitud de Pedro: Jesús le había enseñado a Pedro que debía liberarse de los rituales legales, porque la salvación es un regalo de Dios… Si Pedro consideraba “pecado” comer la comida de los gentiles, estaría insinuando que Jesús le había enseñado a ser un “pecador”… A este punto se había llegado.
No podía ser verdad que los gentiles vinieran a Dios por la Gracia, y los judíos por la Ley. Para Pablo no había más que una realidad: la Gracia, y era mediante el rendimiento a esa Gracia como todos los hombres tenían que llegar a Dios. .

Cristo vive en mí”
Gálatas 2: 18-21
Pablo habla desde las profundidades de la experiencia personal. Para él volver a la Ley habría sido cometer un suicidio espiritual.
Pablo dice que por la Ley él murió a la Ley para poder vivir para Dios... Lo que quiere decir es que él había probado el camino de la Ley. Había intentado, con toda la terrible intensidad de su cálido corazón, ponerse en relación con Dios mediante una vida que buscaba obedecer cada pequeño detalle de esa Ley; y había encontrado que tal intento no producía más que un sentimiento cada vez más profundo de que todo lo que él pudiera hacer nunca le pondría en la debida relación con Dios.
Lo único que había hecho la Ley era mostrarle su propio fracaso…
Por eso había abandonado aquel camino, y se había arrojado, pecador y todo como era, en los brazos de la misericordia de Dios.
¡Había sido la Ley lo que le había conducido a la Gracia de Dios!
El volver a la Ley no habría hecho más que enredarle otra vez totalmente en el sentimiento de alejamiento de Dios… Tan grande había sido el cambio, que la única manera en que podía describirlo era diciendo que había sido crucificado con Cristo para que muriera el hombre que había sido, y el poder viviente en su interior ahora era Cristo mismo.
Por eso se preguntaba: “S yo pudiera ganar mi propia salvación, entonces, ¿por qué tenía que haber muerto Cristo?”
Pablo estaba totalmente seguro de una cosa: de que Jesucristo había hecho por él lo que él nunca podría haber hecho por sí mismo.
Cuando Pablo entendió el mensaje de la Palabra de Dios, la medianoche de la frustración de la Ley se convirtió en el mediodía de la Gracia.

Versículo para aprender:
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí...” (Gálatas 2: 20)




Lección nº 4:
UN PACTO INALTERABLE
Gálatas 3: 1-18
El regalo de la Gracia
Gálatas 3: 1-9
Pablo usa todavía otro argumento para mostrar que es la fe lo que pone a una persona en relación con Dios, y no las obras de la Ley.
En la Iglesia original, los convertidos casi siempre recibían el Espíritu Santo de una manera sensible. Los primeros capítulos de Hechos muestran como sucedió una y otra vez (Hechos 8:14-17; 10:44). Venía a ellos un nuevo brote de vida y de poder que todos podían constatar. Esa experiencia la habían tenido los gálatas; y no, decía Pablo, porque hubieran obedecido las disposiciones de la Ley, porque en aquel tiempo ni siquiera habían oído hablar de la Ley; sino porque habían escuchado la Buena Nueva del amor de Dios, y habían respondido con un acto de perfecta confianza.
Pablo les señaló a los gálatas a un hombre que encarnaba la fe: Abraham. El hombre al que Dios había hecho la gran promesa de que todas las familias de la Tierra serían benditas en él (Génesis 12:3). Fue el hombre que Dios escogió especialmente como el que le agradó. ¿En qué fue en lo que Abraham agradó a Dios especialmente? No fue por hacer las obras de la Ley, porque en aquel tiempo la Ley ni siquiera existía; fue por tomarle la Palabra a Dios en un gran acto de fe.
Ahora bien, la promesa de bendición se les hizo a los descendientes de Abraham. En eso confiaban los judíos; mantenían que el hecho escueto de ser descendientes naturales de Abraham los colocaba en una relación con Dios totalmente distinta de la de los otros pueblos.
Pero Pablo declara que el ser un auténtico descendiente de Abraham no es cosa de la naturaleza física; el verdadero descendiente es el que hace la misma aventura de la fe que hizo Abraham. Por tanto, no son los que tratan de obtener méritos por medio de la Ley los que heredan la promesa que se le hizo a Abraham, sino los de cualquier nación que reproducen su acto de fe en Dios.
Por eso, habiendo sido con un acto de fe como empezaron los gálatas… ¿Cómo iban ahora a retroceder al legalismo, y perder la herencia que por Gracia Dios les había dado?
En el versículo 4, Pablo habla de empezar la experiencia en el Espíritu, y acabar en la carne. Las palabras que usa son los términos griegos normales para iniciar y completar un sacrificio. La primera, enárjesthai, es la palabra para echar granos de cebada por encima y alrededor de la víctima, que era lo primero que se hacía en un sacrificio; y la segunda, epiteleisthai, es la palabra que se usaba para completar el ritual de cualquier sacrificio. AL usar estas dos palabras, Pablo muestra que considera la vida cristiana como un sacrificio que se ofrece a Dios.
El versículo 5 habla de la manera tan generosa como Dios había tratado a los gálatas. La raíz de esta palabra es la griega joreguía... En los días antiguos de Grecia, en los grandes festivales, los dramaturgos como Eurípides y Sófocles presentaban sus dramas; las obras dramáticas griegas requerían un coro; el equipar y preparar un coro era caro, y algunos griegos con conciencia pública se ofrecían generosamente a cubrir todos los gastos del coro. (Ese regalo se llamaba joreguía).
Más tarde, en tiempo de guerra, los ciudadanos concienzudos daban aportaciones al estado, y a estas también se las designaba con el nombre de joreguía
Joreguía subraya la generosidad de Dios; una generosidad que nace del amor; y manifiesta que la salvación es un regalo, una ofrenda de ese amor…

La maldición de la Ley
Gálatas 3: 10-14
El razonamiento de Pablo trata de colocar a sus oponentes en un rincón del que no se puedan escapar… A los que defienden la vigencia de la Ley les dice que el que dé ese paso tendrá que mantenerse o caer por su decisión; si escoge la Ley, tiene que vivir por ella, aunque afirma que ninguna persona ha conseguido, ni conseguirá jamás, guardar siempre la Ley a rajatabla.
En ese caso, el que pretenda cumplir con toda la Ley está maldito, porque la misma Escritura dice (Deuteronomio 27:26) que el hombre que no guarde toda la Ley está bajo maldición. Por tanto, la consecuencia inevitable de tratar de llegar a la relación con Dios haciendo de la Ley el principio de la vida es decidirse por una maldición.
Pablo recuerda otro pasaje de la Escritura (Habacuc 2:4) para sostener que la única manera de llegar a estar en la debida relación con Dios, y por tanto la única forma de alcanzar la paz, es el camino de la fe. Pero el principio de la Ley y el principio de la fe son opuestos… No se puede dirigir la vida por los dos al mismo tiempo; hay que escoger; y la única elección lógica es abandonar el legalismo y aventurarse en la fe de tomarle la Palabra a Dios y confiar en su amor.
El Garante definitivo de esta verdad es Jesucristo; y para hacer llegar esta verdad hasta nosotros Él tuvo que morir en la Cruz… Ahora bien: la Escritura dice que todo el que es colgado de un madero está maldito (Deuteronomio 21: 23); así que, para libertarnos de la maldición de la Ley, Jesús mismo tuvo que asumirla.
Pablo no podía olvidar que la paz, la libertad, la relación filial con Dios que poseemos, costó la vida y muerte de Jesucristo; porque, ¿cómo podríamos haber conocido nunca cómo es Dios si Jesucristo no hubiera muerto para mostrarnos su gran amor?

Un pacto inalterable
Gálatas 3:15-18
Pablo sabía hacer uso de sus métodos de razonamiento, que serían perfectamente entendibles para un judío, por muy difícil que nos resulte a nosotros entenderlos (no olvidemos la formación judía de Pablo).
Su propósito era mostrar la superioridad de la Gracia sobre la Ley; por eso empieza mostrando que la Gracia es anterior a la Ley.
Cuando Abraham emprendió su aventura de la fe, Dios le hizo su más grande promesa. Es decir: la promesa de Dios fue la consecuencia de un acto de fe; la Ley no empezó a existir hasta el tiempo de Moisés, cuatrocientos treinta años después.
Pero, continúa Pablo, una vez que un pacto o tratado ha sido debidamente ratificado, no se puede alterar ni anular. Por tanto, la Ley posterior no puede alterar la relación anterior de la fe.
Fue la fe la que puso a Abraham en relación con Dios; y la fe es todavía el único camino para que una persona se ponga en la debida relación con Dios.
Los rabinos eran muy aficionados a usar razonamientos que dependieran de la interpretación de una palabra aislada; erigían toda una teología sobre una sola palabra. Pablo toma una palabra de la historia de Abraham, “a tu simiente”, y levanta un razonamiento sobre ella… El razonamiento de Pablo se basa en que simiente se usa en singular y no en plural; y que, por tanto, la promesa de Dios no se refiere a una gran multitud de gente, sino a un único individuo; por ende a una sola Persona… Y esta Persona es Jesucristo, en quien Dios ha consumado la promesa…
Por tanto, el camino a la paz con Dios es el de la fe, que fue el que siguió Abraham; y nosotros debemos recorrerlo mirando a Jesucristo por la fe.
Si abandonamos el camino de una legalidad que nunca podremos cumplir y nos presentamos con nuestro pecado ante Dios, su Gracia nos abre sus brazos, y nos encontramos en paz con un Dios que ya no es Juez, sino Padre…
El razonamiento de Pablo es que esto fue precisamente lo que le sucedió a Abraham. Fue sobre esa base como Dios hizo su pacto con Abraham; y nada que viniera después podía cambiarlo o anularlo, como nada que venga después de un contrato ratificado y sellado puede alterarlo.

Versículo para aprender:
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham” (Gálatas 3: 7)




Lección nº 5:
POR LA LEY A LA GRACIA
Gálatas 3: 19-29

La función de la Ley
Gálatas 3: 19-22
Este es uno de los pasajes más difíciles que Pablo escribiera jamás…
Empecemos por recordar que Pablo todavía está tratando de demostrar la superioridad de la Gracia y la fe sobre la Ley. Entonces hace cuatro observaciones acerca de la Ley:

a) La Ley se introdujo, según lo expresa Pablo, por causa de las transgresiones… Lo que quiere decir es que, donde no hay ley, no hay pecado. No se puede condenar a una persona por hacer algo que no estaba prohibido. Por tanto, la función de la Ley es definir el pecado. Pero, aunque la Ley puede definir el pecado no puede hacer nada en absoluto para remediarlo.
b) La Ley no la dio Dios directamente. En el antiguo relato de Éxodo 20, fue dada directamente por Dios a Moisés; pero en los días de Pablo, los rabinos estaban tan impresionados con la santidad y la lejanía de Dios que creían que era totalmente imposible que El tratara directamente con los seres humanos; por tanto introdujeron la idea de que la Ley fue dada primero a los ángeles, y luego, por los ángeles a Moisés (Hechos 7:53; Hebreos 2:2).
De acuerdo con esto para Pablo la Ley está a una doble distancia de Dios: dada primero a los ángeles, y por ellos al mediador, Moisés. Comparada con la promesa, que fue dada directamente por Dios, la Ley es una cosa de segunda mano.
c) Ahora llegamos a esa frase extraordinariamente difícil: “Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno”.
¿Qué estaba pensando Pablo aquí? Un tratado basado en la ley siempre implica dos partes: una persona que lo da, y otra que lo acepta; y depende de que las dos partes lo cumplan. Esa era la posición de los que ponían su confianza en la Ley: Si la Ley se quebrantaba, todo el acuerdo quedaba anulado. Pero una promesa depende de una sola persona. El camino de la Gracia depende totalmente de Dios: es su promesa. El hombre no puede hacer nada para alterarla. Puede que peque, pero el amor y la Gracia de Dios permanecen inalterables.
Para Pablo, la debilidad de la Ley consistía en que dependía de dos personas: el Legislador, y el cumplidor; y el hombre lo había echado todo a perder…
La Gracia pertenece totalmente a Dios; el hombre no la puede deshacer; y, sin duda, es mejor depender de la Gracia de un Dios inmutable que de los esfuerzos desesperados de una persona indefensa.
d) Finalmente Pablo concluye que la Ley y la Gracia no se enfrentan antagónicamente, sino que la Gracia complementa la acción de la Ley… Pablo dice que la Escritura ha encerrado a todos bajo pecado (Deuteronomio 27:26); y de hecho no habido nadie, ni lo habrá, que cumpla perfectamente la Ley...
¿Cuál es entonces la consecuencia de la Ley? Para Pablo la Ley nos conduce a todos a la Gracia, porque demuestra la indefensión humana…

Quien trate de llegar a la debida relación con Dios por medio de la Ley se dará cuenta de que no puede, y se verá guiado a ver que lo único que puede hacer es aceptar la maravillosa Gracia que Jesucristo vino a revelar a la humanidad.

La llegada a la Gracia
Gálatas 3: 23-29
Pablo está pensando todavía en el papel esencial que representó la Ley en el plan de Dios.
En el mundo griego había un siervo en la familia llamado el paidagogós... No era el maestro. Era a menudo un esclavo anciano y de confianza que llevaba mucho tiempo con la familia y tenía buen carácter. Estaba a cargo del bienestar moral del niño, y era su deber el comprobar que adquiriera las cualidades esenciales de la verdadera hombría.
Tenía una obligación concreta: todos los días tenía que llevar al niño a la escuela, y luego recogerle y llevarle a casa. No intervenía de hecho en la enseñanza del niño; pero su deber era llevarle a salvo a la escuela y dejarle allí bajo la responsabilidad del maestro.
Eso, decía Pablo, se parecía a la función de la Ley. Estaba para conducir a la persona a Cristo, mostrándole que por sí misma era totalmente incapaz de guardarla... Pero una vez que una persona había llegado a Cristo, ya no necesitaba la Ley, porque ya no dependía de la Ley sino de la Gracia.
Todos vosotros, decía Pablo, que habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo”...
Hay aquí dos alegorías:
El bautismo era un rito judío. Si un hombre quería aceptar la fe judía, tenía que hacer tres cosas: tenía que
circuncidarse, ofrecer sacrificio y bautizarse...
Los detalles del bautismo judío eran los siguientes: el bautizado se cortaba el pelo y las uñas y se desvestía; el baño bautismal tenía que contener unos 300 litros de agua... El agua tenía que tocar todas las partes de su cuerpo. Hacía su confesión de fe ante tres hombres que eran sus padrinos. Mientras permanecía en el agua se le leían partes de la Ley, se le dirigían palabras de aliento y se le impartían bendiciones. Cuando surgía del agua era un miembro del pueblo judío; había entrado en la fe judía mediante el bautismo.
Mediante el bautismo cristiano, una persona entraba en Cristo. Los cristianos originales consideraban el bautismo como algo que producía una unión real con Cristo. Por supuesto, en una situación misionera en la que los hombres llegaban directamente del paganismo, el bautismo era bautismo de adultos que habían tenido una experiencia de encontrarse con Cristo aceptándole como su salvador personal.
Pablo dice a continuación que habían quedado revestidos de Cristo. Aquí puede que haya una referencia a una costumbre que existió posteriormente. El bautizado estaba vestido con una túnica blanca, simbólica de la nueva vida en la que se introducía; así, afirma Pablo, quedaba revestido de Cristo.
El resultado era que en la Iglesia no había diferencias entre sus miembros; todos habían llegado a ser hijos de Dios... En el versículo 28 Pablo dice que las distinciones entre judío y griego, esclavo y libre, varón y mujer, quedaban borradas; todos eran una sola cosa en Cristo.
Ya hemos visto (v. 16) que Pablo interpreta las promesas hechas a Abraham como cumplidas especialmente en Cristo; y, si estamos incorporados en Cristo, nosotros también heredamos las promesas; y este gran privilegio no nos viene por un cumplimiento legalista de la Ley, sino por un acto de fe en la Gracia gratuita de Dios.
Sólo una cosa puede borrar las distinciones marcadamente aparentes y las separaciones entre una persona y otra; cuando todos estamos bajo la Gracia de Dios y estamos en Cristo...
Solamente entonces seremos todos realmente una sola cosa. No es la fuerza de la persona, sino el amor de Dios lo que puede unir definitivamente un mundo desunido.

Versículo para aprender:
...Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3: 26)




Lección nº 6:
EL RIESGO DE VOLVER ATRÁS
Gálatas 4: 1-20
Los días de la niñez
Gálatas 4: 1-7
En el mundo judío, el primer sábado después de que un niño cumpliera los doce años, su padre le llevaba a la sinagoga, donde llegaba a ser un hijo de la Ley. El padre pronunciaba allí una bendición y el chico hacía una oración en la que declaraba su responsabilidad por sus acciones... Había una clara línea divisoria en la vida de un joven; como de la noche a la mañana se hacía un hombre.
En Grecia, un chico estaba al cuidado de su padre desde los siete hasta los dieciocho años. Entonces llegaba a ser lo que se llamaba un efebos, que se podría traducir por joven, y estaba dos años bajo la supervisión del estado... También aquí el crecimiento pasaba por un proceso totalmente definido.
Bajo la ley romana, el año en que un muchacho pasaba a ser un hombre no estaba fijado definitivamente, pero estaba siempre entre los 14 y los 17 años. En un festival sagrado para la familia que se llamaba la liberalia, se quitaba la toga llamada praetexta, que era una toga con una estrecha banda púrpura por abajo, y se ponía la toga virilis, que era la toga corriente que llevaban los adultos. Entonces le llevaban sus amigos y parientes al foro, y le introducían formalmente a la vida pública... Una vez más había un día totalmente definido en el que el muchacho alcanzaba la categoría de hombre.
Cuando un chico era menor de edad a los ojos de la ley, podía ser el dueño de una propiedad considerable, pero no podía hacer ninguna decisión legal, ni estaba en control de su propia vida; se le dirigía en todo y, por tanto, para todos los efectos prácticos, no tenía más libertad que si hubiera sido un esclavo; pero cuando llegaba a ser un hombre, entraba en posesión de su herencia.
De la misma manera, razona Pablo, en la infancia del mundo la Ley ejercía su dominio. Pero la Ley no era más que un conocimiento elemental...
Entonces, cuando todo estuvo dispuesto, Cristo vino a liberar a la humanidad de ese dominio. Así es que ahora las personas ya no son esclavas de la Ley; han llegado a ser hijos e hijas, y han llegado a poseer su herencia... Y la prueba de que somos hijos se manifiesta en el clamor instintivo del corazón.
El ser humano clama en su más profunda necesidad a Dios: “ ¡Abba! ¡Padre!”... Abba es la palabra aramea para padre; o, más exactamente, papá. Debe de haber estado a menudo en labios de Jesús, y su sonido era tan sagrado para los que se lo oyeron pronunciar que lo transcribieron en su lengua original. Pablo cree que este clamor instintivo del corazón es la expresión de la obra del Espíritu Santo...
Si nuestros corazones claman así, sabemos que somos hijos, y que toda la herencia de la Gracia es nuestra.
Para Pablo, el que gobernara su vida por la esclavitud a la Ley era todavía un niño; el que había aprendido el camino de la Gracia había llegado a ser una persona madura en la fe cristiana.

El riesgo de volver atrás
Gálatas 4: 8-11
Pablo sigue basando su argumento en la convicción de que la Ley es una etapa elemental de la religión, y que una persona madura se apoya sobre la Gracia. La Ley no estaba mal en los tiempos antiguos, cuando no se conocía nada mejor; pero ahora hemos llegado a conocer a Dios y su Gracia.
Pablo afirma que no hay nadie que pueda conocer a Dios por medios e iniciativa propios; Dios se revela a la criatura humana en su Gracia... Nunca podríamos buscar a Dios si no fuera porque Él ya nos ha encontrado. Así es que Pablo pregunta: “¿Es que vais a volver atrás a una etapa que vosotros debierais haber superado hace mucho?”
Pablo llama a la religión basada en la Ley, débil e incompleta:
Es débil porque no es eficaz. Puede definir el pecado; puede convencer a una persona de que es pecadora; pero no puede ni encontrar para ella el perdón de sus pecados pasados ni la fuerza para conquistar las tentaciones en el futuro.
Es incompleta porque por su propia naturaleza, la Ley no puede referirse nada más que a una situación. Para cada nueva situación se necesita una nueva ley.
Pero la maravilla de la Gracia es que resuelve todas las situaciones humanas. Es decir: no hay ninguna situación posible de la vida que la Gracia no pueda resolver; es suficiente para todas las necesidades.
Una de las características de la ley judía era la observancia de tiempos especiales: los sábados de cada semana; los meses con las nuevas lunas; las estaciones que son las grandes fiestas anuales, como la Pascua, Pentecostés y Tabernáculos; los años son los años sabáticos, es decir, cada séptimo año.
Para Pablo el fracaso de una religión que depende de ocasiones especiales es que casi inevitablemente divide los días en sagrados y seculares; y la consecuencia casi inevitable es que cuando una persona ha cumplido meticulosamente los días sagrados, es propensa a pensar que ha cumplido sus deberes para con Dios...
Jesucristo no dijo: “Yo he venido para que tengan una religión”, sino: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”.
Si hacemos de la religión algo que consiste en la observancia de momentos especiales, la hemos convertido en algo externo.
Para el verdadero cristiano todos los días son el día del Señor.
Pablo tenía el temor de que las personas que habían llegado a conocer el esplendor de la Gracia se volvieran otra vez al legalismo, y que los que habían vivido una vez en la presencia del Señor limitaran su soberanía a unos días especiales... Esto no era otra cosa que volver atrás.

Un reclamo amoroso
Gálatas 4: 12-20
Pablo no les dirige una demostración teológica, sino una llamada personal. Les recuerda que por amor a ellos se había hecho como un gentil; había cortado las amarras de las tradiciones en las que se había criado, para hacerse como ellos.

(Aquí tenemos una referencia al “aguijón en la carne” de Pablo. Fue a causa de una enfermedad por lo que llegó a ellos por primera vez. Se ha sugerido que se trataba de la persecución de que era objeto; o de las tentaciones de la carne, que nunca dominó del todo; o de su aspecto físico, que los corintios consideraban despreciable (2 Corintios 10:10). La tradición más antigua es que Pablo sufría de horribles dolores de cabeza que le dejaban postrado.
Como Pablo dice que los gálatas le habrían dado sus propios ojos si hubieran podido; por esto se ha sugerido que Pablo había tenido siempre problemas en la vista, porque le había deslumbrado tanto la visión del camino de Damasco que desde entonces no podía ver sino confusa y dolorosamente...
Pero si podemos descubrir simplemente cuándo vino Pablo a Galacia, puede que nos ayudara a deducir por qué vino. Es posible que Hechos 13: 13 y ss. describa esa llegada. Pablo, Bernabé y Marcos habían venido desde Chipre a la tierra firme. Llegaron a Perge de Panfilia, donde Marcos abandonó el grupo; y entonces se dirigieron a Antioquía de Pisidia, que estaba en la provincia de Galacia. ¿Por qué no predicaron en Panfilia? Era un distrito populoso. ¿Por qué escogieron dirigirse a Antioquía de Pisidia? La carretera que conducía allá, a lo alto de la meseta central, era una de las más dificultosas y peligrosas del mundo. Tal vez fue por eso por lo que Marcos se volvió a su casa... La razón de estas decisiones puede muy bien que fuera que, puesto que Panfilia y la llanura costera eran distritos en los que la malaria hacía estragos, Pablo contrajo esta enfermedad, y su único remedio sería buscar las tierras más altas de Galacia, lo que le hizo llegar a Galacia enfermo. Ahora bien, la malaria se reproduce y va acompañada de unos dolores de cabeza que inutilizan a la persona, y que se han comparado con los que produciría un hierro candente que le metieran a uno por las sienes. Puede que fuera ese dolor inaguantable el aguijón en la carne de Pablo que le torturaba cuando llegó por primera vez a Galacia).

Pablo habla de los que estaban cortejando a los gálatas para seducirlos; se refiere a los que estaban tratando de persuadirlos a que adoptaran la religión judía. Si hubieran conseguido su propósito, los gálatas habría tenido que rendirles pleitesía para que les permitieran circuncidarse e ingresar en la nación judía. Parecían muy complacientes, pero lo único que querían era ejercer control sobre los gálatas para reducirlos a una condición de esclavitud y dependencia de ellos y de la Ley.
Pablo acaba usando una metáfora gráfica. El llevar a los gálatas a Cristo le había costado verdaderos dolores de parto a él, y tenía que seguirlos pasando, cuidando que no volvieran atrás...
No se puede por menos de percibir el profundo afecto que encierran estas últimas palabras... “Hijitos míos”, les llama... (Los diminutivos expresan siempre ternura en el griego, en latín, como en español) Juan usa a menudo esta expresión; pero Pablo, solamente aquí; lo que resalta su amor por los gálatas.

Versículo para aprender:
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4: 7)




Lección nº 7:
UNA HISTORIA ANTIGUA
Y LA LIBERTAD PARA AMAR
Gálatas 4: 21- 5: 15

Una historia antigua
Gálatas 4: 21- 5:1
Cuando tratamos de interpretar un pasaje como este, debemos recordar que para los judíos devotos y estudiosos, y especialmente para los rabinos, la Escritura tenía más de un sentido; y que el sentido literal se consideraba a menudo el menos importante.
Por tanto, sucedía a menudo que los rabinos tomaban una porción sencilla de una narración histórica del Antiguo Testamento, y le extraían sentidos ocultos que muchas veces nos parecen fantásticos, pero que eran de lo más convincentes para las personas de su tiempo.
Pablo era un rabino instruido; y eso es lo que está haciendo aquí. Toma la historia de Abraham, Sara, Agar, Ismael e Isaac (Génesis, capítulos 16, 17, 21), que es una narración seguida en el Antiguo Testamento, y la alegoriza para ilustrar su punto de vista.
El hilo de la historia es el siguiente: Abraham y Sara eran avanzados en años, y Sara no tenía hijos. Ella hizo lo que cualquier esposa habría hecho en aquellos tiempos patriarcales, y le dio a Abraham a su esclava Agar para que ella le diera un hijo en su representación. Agar tuvo un hijo varón, que se llamó Ismael.
Mientras tanto, Dios se había revelado a Sara, y le había prometido que tendría un hijo, lo cual era tan difícil de creer que les pareció imposible a Abraham y a Sara; pero a su debido tiempo nació Isaac.
Es decir: Ismael nació como resultado de la unión carnal entre un hombre y una mujer, mientras que Isaac nació porque Dios lo prometió. Y Sara era una mujer libre, mientras que Agar era una esclava.
Desde el principio, Agar se mostró inclinada a tenerse por superior a Sara, porque la esterilidad era una lacra vergonzosa para una mujer; por eso había un ambiente cargado de problemas en la familia. Más tarde, Sara encontró a Ismael burlándose de Isaac (Esto lo relaciona Pablo con la persecución de los cristianos por los judíos) e insistió en que se echara de la casa a Agar para que el hijo de la esclava no tuviera parte en la herencia con su hijo libre.
Además, Arabia se consideraba una tierra de esclavos donde vivían los descendientes de Agar.
Pablo toma esa .antigua historia, y la alegoriza:
Agar representa el antiguo pacto de la Ley, hecho en el Monte Sinaí, que está de hecho en Arabia, la tierra de los descendientes de Agar… Agar misma era una esclava, y todos sus hijos nacían en la condición de la esclavitud; y ese pacto cuya base es la Ley hace a las personas esclavas de la Ley.
El hijo de Agar nació a consecuencia de impulsos meramente humanos; el legalismo es lo mejor que un ser humano puede hacer.
Por otra parte, Sara representa el nuevo pacto en Jesucristo, una nueva manera en que Dios se relaciona con las personas, no por la Ley, sino por la Gracia. Su hijo nació libre, y, como resultado de la promesa de Dios; y todos sus descendientes deben de ser libres.
Como el hijo de la joven esclava persiguió al hijo de la mujer libre, los hijos de la Ley ahora persiguen a los hijos de la Gracia y de la promesa…
Pero, para Pablo, como al final se echó de casa al hijo de la esclava para que no tuviera parte en la herencia, así al final los que son legalistas serán excluidos por Dios, y no tendrán parte en la herencia de la Gracia.
Aunque todo esto nos parezca muy extraño, encierra una gran verdad. La persona que hace de la Ley el principio de su vida se encuentra en la posición de un esclavo; mientras que la persona que hace de la Gracia el principio de su vida es libre; porque, es el poder del amor, y no la obligatoriedad de la Ley, lo que nos mantiene en relación con Dios; porque el amor es más poderoso que la Ley.

Una relación personal con Cristo
Gálatas 5:2-12
La postura de Pablo era que el camino de la Gracia y el de la Ley se excluían mutuamente. El camino de la Ley hace que la salvación dependa exclusivamente del esfuerzo humano; el que toma el camino de la Gracia simplemente se abandona incondicionalmente a la misericordia de Dios.
Pablo pasa a exponer que si uno acepta la circuncisión, que es una parte de la Ley, lógicamente tiene que aceptar toda la Ley.
Así demostraba Pablo que, si un hombre se circuncidaba, adquiría el compromiso de cumplir toda la Ley a la que la circuncisión era la entrada; y, si aceptaba ese camino, le había vuelto la espalda al camino de la Gracia haciendo inútil la muerte de Jesús…
Para Pablo, lo único que importaba era la fe que actúa por medio del amor. Esa es sencillamente otra manera de decir que la esencia del Cristianismo no es la Ley, sino una relación personal con Jesucristo. La fe cristiana no se basa en un libro, sino en una Persona; su dinámica no es la obediencia a ninguna ley, sino el amor a Jesucristo.
Antes, los gálatas habían sabido eso; pero ahora estaban volviendo a la Ley…
Un poco de levadura leuda toda la masa” decía Pablo... Para los judíos, la levadura representaba casi siempre una mala influencia. Lo que Pablo quiere decir es que ese movimiento legalista podía llegar a dañar a toda la iglesia en Galacia, si no se les advertía sobre él…
Pablo acaba con un dicho muy atrevido… Galacia estaba cerca de Frigia, y el gran culto de esa parte del mundo era el de la diosa Cibeles. Los sacerdotes y los adoradores realmente devotos de Cibeles tenían la costumbre de mutilarse mediante la castración. Pablo insinúa: “Si seguís por el camino que empieza en la circuncisión, bien podéis acabar castrándoos como esos sacerdotes paganos”.
Parece ser una afirmación algo desafortunada, pero que sería bien entendida por los lectores de aquel tiempo en Galacia; y nos muestra la importancia que Pablo daba a estos hechos, porque para él, acertadamente, estaba en juego la validez de la obra de Jesús y la existencia misma de la Iglesia…
Cuando defendemos la verdad del Evangelio no podemos andar con rodeos y medias tintas… Así lo entendía Pablo.

Libertad para amar verdaderamente
Gálatas 5: 13-15
En este párrafo, la carta de Pablo cambia de énfasis… Hasta este punto, ha sido teológica; ahora pasa a ser intensamente ética.
Pablo tenía una mentalidad característicamente práctica. Hasta cuando ha estado escalando las cimas más elevadas del pensamiento, siempre termina sus cartas con una nota práctica… Para él, la teología no servía para nada a menos que pudiera vivirse.
Pablo sabía que sus conceptos siempre podía ser mal entendidos… Cuando proclamaba que el reinado de la Ley había llegado a su fin y que el de la Gracia había comenzado, siempre era posible que alguien le dijera: “Entonces eso quiere decir que yo puedo hacer lo que me dé la gana, si la Ley ha dejado de existir, la Gracia me asegura el perdón de todas maneras...”
Pero para Pablo quedaban dos obligaciones que eran inamovibles:
Una está implícita en todo su pensamiento. Es la obligación para con Dios. Si Dios nos amó hasta tal punto, entonces yo no puedo ensuciar ni malgastar una vida por la que Dios pagó con la vida de su Hijo.
También está la obligación para con nuestros semejantes. Somos libres, pero nuestra libertad nos impulsa a amar al prójimo como a nosotros mismos, inspirados en el amor de Dios… La libertad que no nos lleva al amor no es libertad, porque está presa del egoísmo, la soberbia y el odio…
Anhelamos vivir en democracia, como el gobierno a cargo del pueblo, por el pueblo y para el pueblo… Pero no erramos al creer que el Cristianismo es la única democracia verdadera, porque en un estado cristiano cada uno debe pensar tanto en su prójimo como en sí mismo… El cristiano no es una persona que ha llegado a ser libre para pecar; sino que, por la gracia de Dios, es libre para no pecar.
Pablo añade un consejo sombrío: “A menos que resolváis el problema de vivir juntos, os haréis la vida imposible recíprocamente”. A fin de cuentas, el egoísmo no exalta a la persona humana, sino que la rebaja, y destruye; pero el verdadero amor que viene de Dios construye y dignifica al que ama y al que es amado.

Versículo para aprender:
Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres...” (Gálatas 5: 1)




Lección nº 8:
OBRAS MALAS Y OBRAS BUENAS
Gálatas 5: 16-26

Las obras malas
Gálatas 5: 16-21
No hay nadie que haya sido más consciente que Pablo de la tensión que hay en la naturaleza humana.
Para él era esencial el que la libertad cristiana no se tomara como libertad para complacer a la parte inferior de la naturaleza humana, sino para conducirse en la vida del Espíritu.
Nos da todo un catálogo de cosas malas. Cada una de las palabras que usa nos presenta todo un cuadro.
Fornicación: El Cristianismo llegó a un mundo en el que la inmoralidad sexual no solo se permitía, sino se consideraba como algo esencial a la vida normal.
Impureza: La palabra que usa Pablo (akatharsía) es interesante. Puede querer decir el pus de una herida infectada, o un árbol que no se ha podado nunca, o un material que no se ha colado debidamente... La impureza, pues, es lo que hace que una persona no esté en condiciones de acercarse a Dios.
Lujuria o desenfreno: Esta palabra (asélgueia) es la disposición para cualquier placer por el placer mismo… La persona que lo practica, se dice que está desenfrenada, que hace todo lo que el capricho y la insolencia puedan sugerirle.
Idolatría: Esto quiere decir el culto a dioses que han hecho las manos humanas. Es el pecado en el que las cosas materiales han desplazado a Dios y tomado su lugar.
Brujería: Esta palabra quiere decir literalmente el uso de drogas. Puede querer decir el uso conveniente de drogas que hace un médico; pero también puede querer decir envenenar, y llegó a relacionarse muy especialmente con la utilización de las pócimas en la magia, que era muy corriente en el mundo antiguo.
Enemistad: La idea es la de una persona que es permanentemente hostil a sus semejantes; es precisamente lo contrario de la virtud cristiana del amor a los hermanos y a todos los seres humanos.
Rivalidad: En un principio esta palabra tenía que ver principalmente con la rivalidad para obtener premio; pero mucho más corrientemente se refería a la rivalidad que se manifiesta en peleas y riñas.
Celos: Esta palabra (zélos) tenía en un principio un sentido positivo. Quería decir emulación, el deseo de alcanzar la nobleza que se admira. Pero se fue degenerando y llegó a querer decir el deseo de tener lo que otro tiene, un deseo malo de lo que no nos corresponde.
Furia incontrolada: La palabra que usa Pablo quiere decir explosiones de rabia. Describe, no una ira a largo plazo, sino una rabieta que se inflama y se consume pronto.
Interés propio: Esta palabra describe a la persona que quiere figurar, no para prestar un servicio, sino para obtener el máximo provecho personal.
Disensión: Describe una sociedad en la que se produce la situación en la que los miembros se separan en lugar de acercarse cada vez más.
Divisiones heréticas: La palabra es hairesis, de la que se deriva la palabra española herejía. Se entiende como apartarse de la verdad y refiere a las divisiones que conlleva asta actitud…
Envidia: Esta palabra (fthonos) era una palabra repugnante… Eurípides la llamaba “la peor de todas las enfermedades humanas”. Su esencia es que no describe el espíritu que desea, noble o innoblemente, tener lo que otra persona posee, sino el espíritu que repudia que el otro tenga esas cosas o cualidades. No es que quiera tenerlas él, sino que odia que el otro las tenga… Es la cualidad, no tanto del celoso, sino más bien del amargado.
Borrachera: En el mundo antiguo, este no era un vicio muy corriente. Los griegos bebían más vino que leche; hasta los niños bebían vino… Los griegos condenaban la ebriedad lo mismo que los cristianos como algo que convertía a una persona en una bestia.
Juergas: Esta palabra (komos) hace referencia a celebraciones o juegos incontrolados… Un regocijo que se ha convertido en la peor disolución.
Cuando llegamos a la raíz del sentido de estas palabras vemos que la vida no ha cambiado tanto después de todo, aunque ha pasado bastante tiempo.
Pablo es terminante: quienes disfrutan de estas cosas no heredarán el Reino de Dios.

Las obras buenas
Gálatas 5: 22-26
Pablo ahora traza la de las cualidades positivas, que son el fruto del Espíritu.
De nuevo, vale la pena considerar cada palabra por separado.
Amor: La palabra que se usa en el Nuevo Testamento para amor es agapé. No es una palabra corriente en griego clásico. En griego hay cuatro palabras para amor; Eros quiere decir el amor que siente un joven por una joven; es un amor que incluye la pasión; fileo es el amor cálido que sentimos hacia nuestros seres queridos; es algo del corazón; storgué quiere decir más bien afecto, y se usa del amor entre padres e hijos y agapé, la palabra cristiana que quiere decir una benevolencia sin límites en la que no importa lo que una persona nos pueda hacer por medio de insultos, ofensas o humillaciones, nosotros nunca procuraremos sino lo mejor para ella; por tanto es un sentimiento de la mente tanto como del corazón.
Agapé describe el esfuerzo deliberado; que solamente podemos hacer con la ayuda de Dios, de no buscar nada más que lo mejor hasta para los que procuran hacernos mal…
Gozo: La palabra griega es jara, y lo característico de esta palabra es que muy corrientemente describe el gozo que procede de una experiencia espiritual (Salmo 30:11; Romanos 14:17, 15:13; Filipenses 1:4, 25). Es el gozo cuyo fundamento está en Dios.
Paz: En el griego coloquial contemporáneo esta palabra (eiréné) tenía dos usos: se usaba de la serenidad que disfruta un país bajo el gobierno justo y benéfico de un buen líder y en el Nuevo Testamento corresponde a la palabra hebrea shalóm del Antiguo Testamento, que quiere decir, no solamente ausencia de problemas y de guerra, sino todo lo que contribuye al mayor bienestar humano… Aquí quiere decir la tranquilidad de corazón que se deriva de la fe en que todo está en las manos de Dios.
Paciencia: La palabra es makrothymia. En sentido general esta palabra no se usa en relación con la paciencia que hay que tener con las cosas o con los acontecimientos, sino con las personas. Lo que más esclarece el sentido de esta palabra es que es la que se usa corrientemente en el Nuevo Testamento acerca de la actitud de Dios para con los hombres (Romanos 2:4; 9:22; 1 Timoteo 1:16; 1 Pedro 3:20).
Amabilidad: Amabilidad y bondad están íntimamente relacionadas. A la amabilidad corresponde la palabra original jrestotes. También se traduce corrientemente por bondad (Romanos 3:12; 11:22; Efesios 2:7; Colosenses 3:12; Tito 3:4). Alguna versión la traduce en 2 Corintios 6: 6 por dulzura. Encierra la idea de una bondad que es amable. Los cristianos necesitamos esa bondad que es al mismo tiempo amable y fuerte.
Fidelidad: Esta palabra (pistis) es corriente en el griego secular con el sentido de ser digno de confianza. Es la característica de la persona que es de fiar.
Consideración: La palabra en griego es praytés, y es la más difícil de traducir. En el Nuevo Testamento tiene tres sentidos diferentes:.
a) Quiere decir sumiso a la voluntad de Dios (Mateo 5:5; 11:29; 21:5).
b) Quiere decir dócil, es decir, que acepta la enseñanza y la disciplina (Santiago 1:21).
c) El sentido más corriente es el de considerado (1 Corintios 4:21; 2 Corintios 10:1; Efesios 4:2). Aristóteles definía praytés como el término medio entre la excesiva ira y la carencia de ira; es decir, la cualidad de la persona que se indigna cuando debe indignarse, y nunca cuando no debe.
Lo que arroja más luz sobre el significado de esta palabra es que el adjetivo prays se usa en relación con un animal domesticado y que obedece y es fácil de dominar para su amo; así es que esta palabra refleja el dominio propio que solo Cristo puede dar.
Disciplina: La palabra original es enkráteia, que Platón usaba para autocontrol. Es el espíritu que ha dominado sus deseos y la búsqueda del placer. Se usa de la disciplina del atleta (1 Corintios 9:25) y del dominio del sexo que caracteriza al cristiano (1 Corintios 7:9). Es la virtud de la persona que la hace tan dueña de sí que la capacita para servir a los demás.
La experiencia y la convicción de Pablo eran que el cristiano moría con Cristo y resucitaba con Cristo a una vida nueva y limpia en la que las cosas malas del viejo hombre habían desaparecido, y las preciosas cualidades del Espíritu habían empezado a desarrollarse.

Versículo para aprender:
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza...” (Gálatas 5: 22-23)




Lección nº 9:
CONSEJOS FINALES
Gálatas 6: 1-18

Sobrellevad las cargas”
Gálatas 6: 1-5
Pablo conocía muy bien los problemas que surgen en cualquier sociedad cristiana. Las buenas personas también resbalan…
La palabra que usa Pablo (paraptoma) no quiere decir un pecado consciente, sino un resbalón como el que podría dar cualquiera en una carretera helada o en un sendero peligroso.
Ahora bien, el peligro de los que están tratando de vivir de veras la vida cristiana es que tienen la tendencia de juzgar duramente las caídas de los demás… Hay muchas buenas personas a las que no se puede ir a llorar en su hombro, o a confesarle una experiencia de fracaso o derrota porque mostrarían muy poca simpatía. Pero Pablo dice que, si una persona da un resbalón, el verdadero deber cristiano es ayudarla a que se ponga en pie otra vez.
La palabra que usa para corregir se aplica, entre otros usos, para el trabajo de un cirujano que extirpa un tumor del cuerpo de una persona, o que pone en su sitio un miembro roto. Toda la atmósfera de la palabra hace hincapié, no en el castigo, sino en la cura; la corrección se mira, no como un castigo, sino como un remedio.
Y Pablo prosigue diciendo que cuando veamos a un hermano caer en una falta haremos bien en decir: “Podría haberme pasado a mí…”
Luego pasa a reprender la vanagloria, y da una receta para evitarla: No debemos comparar nuestros logros con la obra de nuestros semejantes, sino con lo mejor que podríamos haber hecho. De esa manera no encontraremos nunca motivos para vanagloriarnos.
Pablo habla dos veces en este pasaje acerca de sobrellevar cargas. Hay una clase de carga que se le impone a una persona en los azares y avatares de la vida; es cumplir la ley de Cristo ayudar a cualquiera que tenga que llevar una de esas cargas...
Pero también hay cargas que cada uno tiene que sobrellevar por sí… Hay obligaciones que nadie puede cumplir por otro, y tareas de las que cada uno debemos ser responsables personalmente.

Sembrando generosidad
Gálatas 6: 6-10
Aquí Pablo se vuelve intensamente práctico.
La Iglesia Cristiana tenía sus maestros. En aquel tiempo, la Iglesia era una institución auténticamente solidaria. Ningún cristiano podía soportar tener demasiados bienes de este mundo cuando otros tenían demasiado poco. Así es que Pablo dice: “Si hay un hermano que te está enseñando las verdades eternas, lo menos que puedes hacer es compartir con él las cosas materiales que poseas”.
Seguidamente Pablo pasa a establecer una verdad inflexible. Insiste en que la vida mantiene la balanza en perfecto equilibrio. Si una persona se deja dominar por el lado inferior de su naturaleza, acabará por no poder esperar nada más que una cosecha de problemas. Pero, si se mantiene caminando por la senda superior, y obrando el bien, Dios la recompensará a fin de cuentas.
El Evangelio nunca suprime los peligros de la vida... Lo que nunca recordamos suficientemente es que si bien es benditamente cierto que Dios puede perdonar y perdona a las personas sus pecados, también es verdad que ni siquiera Él puede borrar las consecuencias del pecado… Si una persona peca contra su cuerpo, más tarde o más temprano lo pagará con una salud quebrantada, aunque se le perdone; si una persona peca contra sus seres queridos, más tarde o más temprano esto le destrozará el corazón, aunque haya sido perdonada…
No podemos tomar a la ligera el perdón de Dios. Hay una ley moral en el universo; si uno la quebranta, puede que se le perdone; pero no puede evitar las consecuencias.
Pablo termina recordando a sus amigos que el deber de la generosidad puede que nos resulte molesto, pero debe ser una característica permanente del buen cristiano entendiendo que la verdadera generosidad es la que busca el bien del otro; y sostiene que este gesto debe ser prioritario entre los hermanos en Cristo.

El saludo final: Gracia…
Gálatas 6: 11-18
Por lo general, Pablo añadía solamente la firma a las cartas que le había dictado a un amanuense; pero en este caso, el corazón se le sale del pecho con tal amor y preocupación por los gálatas, que les escribe este último párrafo con su propia mano… Las letras grandes pueden ser debidas a tres cosas:
a) Este párrafo puede que se escribiera en letra grande a causa de su importancia, como cuando imprimimos unas palabras en negrita.
b) Puede que lo escribiera en letras grandes porque Pablo no tenía costumbre de manejar la pluma, y así era como le salía.
c) Puede que Pablo estuviera mal de la vista, o que tuviera entonces uno de los horribles dolores de cabeza que padecía, y solo podía hacer la escritura grande y desgarbada de una persona que casi no veía.
Lo importante es que vuelve al motivo central de su carta…
Afirma entonces acerca de los que los que querían que los gálatas se circuncidaran:
a) Que pretendían que eso los salvaran de la persecución... Los romanos permitían a los judíos practicar su religión. La circuncisión era la prueba infalible de que se era judío; así es que esas personas veían en ella un pasaporte para no sufrir persecución por causa de la religión.
b) Que por la circuncisión y la observancia de las reglas y normas de la Ley, estaban tratando de montar un espectáculo que obtuviera la aprobación de Dios.
Pablo, sin embargo, está totalmente seguro de que nada que uno pudiera hacer podría merecer la salvación; así que, una vez más, señalándoles la Cruz, los invita a dejar de tratar de ganar la salvación, y confiar en la Gracia de un amor así.
c) Que ellos tampoco cumplían toda la Ley, porque no hay ser humano que pueda cumplirla… Lo que ellos querían era presumir de que habían hecho a los gálatas sus prosélitos…

Así es que Pablo, una vez más, establece con toda la intensidad de que es capaz que ni la circuncisión ni la incircuncisión importan lo más mínimo; que lo único que importa supremamente es el actuar de la fe en Cristo que le abre a la persona una nueva vida.

Pablo entonces dice que ya nadie le moleste con estos asuntos legalistas porque “Yo llevo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús”…
Era corriente que los amos marcaran a sus esclavos con un hierro candente, y eso parece ser lo que Pablo quiere decir aquí: que las cicatrices de lo que había sufrido por Cristo eran sus marcas como esclavo de Jesucristo.
A fin de cuentas no es la autoridad apostólica lo que levanta para que se le tenga en cuenta, sino las llagas que había sufrido en la obra de Cristo.

Finalmente Pablo desea que “la Gracia del Señor Jesucristo sea con vosotros”… Después de la intensidad de la carta llega la paz de la bendición.
Pablo ha discutido y reprendido y halagado, pero su última palabra es GRACIA, que era para él la única palabra que importaba.

Versículo para aprender:
Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo...” (Gálatas 6: 14