ESTUDIOS SOBRE LA CARTA A LOS HEBREOS (Compartido)



ESTUDIOS SOBRE LA CARTA A LOS HEBREOS (Compartido)


ESTUDIOS SOBRE LA CARTA A LOS HEBREOS

El hombre se reconcilia con Dios

Introducción:
El libro de Hebreos revela a lo largo de los trece capítulos que constituyen su contenido, cuál es el propósito y los alcances de la obra redentora del Señor Jesucristo (1:3; 2:9; 7:27; 9:12, 28).
De una manera gráfica nos traslada a un espacio en el que podemos comprender el papel de Jesús como Sumo Sacerdote y lo que hizo en el Santuario (2:17, 18; 4:15, 16). Este aspecto del estudio que realizaremos reviste una significación especial, porque Hebreos es uno de los libros que desechan rápidamente los Estudiantes de la Biblia. A primera vista les parece complicado. Sin embargo cuando avanzamos en el análisis, encontraremos enseñanzas muy importantes para nuestro crecimiento personal y espiritual. Además deja sentadas las bases para mantener una íntima relación con Dios.
En cuanto a la aplicación práctica de las pautas que presenta el texto, encontrará algo apasionante: una imagen refrescante de Cristo como Salvador de la humanidad que nos ofrece una nueva oportunidad (9:11, 12; 27, 28).
Los teólogos no están de acuerdo en torno a quién es el autor de esta carta. Probablemente fue escrita entre los años 63 y 67. Es evidente que ocurrió antes del año 70 cuando fue destruido el templo a manos de Tito, un prominente hombre de guerra a través del cual Roma buscó sofocar un evenntual levantamiento de los judíos. No obstante, una buena parte considera que fue el apóstol Pablo. Personalmente me identifico con esta apreciación. ¿Desea una razón? En el final de la comunicación, las palabras de despedida son muy similares a las cartas paulinas (13:23-25).
En las líneas concluyentes, menciona a Timoteo, que como es bien sabido, fue compañero de Pablo (13:23). Fue redactada en Italia (13:24
Hebreos está dirigida a creyentes que habiendo sido judíos y conociendo las Escrituras, estaban sometidos a persecución y manifestaciones de intolerancia entre quienes les rodeaban (2:1-4; 5:11-6:12; 10:32-35; 12:1-3).
El tema principal del libro es la superioridad de Cristo y del cristianismo sobre la religión judía. Se dirigió, como ya anotamos, a personas que tenían conocimiento de la Ley. Algunos estaban tentados a volver atrás, pero el autor sale al paso para alentarlos al resaltar la obra de Jesucristo que les salva, restablece la relación con el Padre y vela por Su pueblo.
Bosquejo de Hebreos
Si deseamos hacer un Bosquejo respecto a las divisiones naturales que tiene la carta de Hebreos, quedaría de la siguiente manera:
I.- Introducción (1:1-4).
II.- El Hijo de Dios, superior a las criaturas angelicales (1:5-2:18).
III.- Jesucristo, Sacerdote fiel y compasivo (3:1-5:10).
IV.- Características de Jesucristo Sacedote (5:11-10:39).
V.- La fe y la fortaleza (11:1-12:13).
VI.- Vida Cristiana Práctica (12:14-13:19).
VII.- Conclusión (12:14-13:19).
VIII.- Despedida (13:20-25).



Lección nº 1:
Jesucristo, Hijo, Salvador y Señor por siempre.
Hebreos 1:1-14
Versículo para memorizar:
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo..."(versículos 1, 2).

¿Qué aprenderemos hoy?
El primer capítulo del libro de Hebreos nos permitirá conocer la misión de Dios para su Hijo, Jesucristo: limpiarnos de un pasado lleno de pecado mediante su sacrificio en la cruz para que restablezcamos la relación con el Padre. También nos ofrecerá claridad respecto a la misión de los seres angelicales.

¿Qué nos dice la Escritura?
En el estudio de hoy aprendemos que:
I.- El Plan de Salvación manifiesta la gracia y misericordia de Dios (vv.1-3)
1.- Llamados a experimentar una nueva vida.- ¿Ha visto las aflicciones de un padre ante un hijo rebelde? Sin duda muchas veces. Hoy día es frecuente encontrar choques al interior de las familias que ponen de manifiesto la decisión de algunos hijos por desconocer la autoridad de sus progenitores con el propósito de hacer las cosas a su manera. Eso es exactamente lo que ocurrió con el pueblo de Israel. El Padre mantuvo hacia ellos una actitud de misericordia.
Esa fue la razón por la que habló de muchas maneras a Sus hijos. Como no prestaron atención a los profetas, lo hizo a través de su propio Hijo Jesucristo (versículos 1, 2). Su vida tiene significado y es muy valiosa para el Señor. De otra manera no hubiese sacrificado a su unigénito (Juan 3:16).
2.- Es el tiempo del llamado de Dios.- El texto resalta en el versículo 2 que "en estos postreros tiempos nos ha hablado por el Hijo..." Inmediatamente recordamos ese texto maravilloso que está en el Apocalipsis a través del cual habla Jesucristo: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"(Apocalipsis 3:20).
3.- La misión del Hijo de Dios.- Por medio del sacrificio en la cruz, el Señor Jesús nos hizo puros. "...habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de si mismo..."(versículo 3). Imagine por un instante que todos sus pecados del ayer están grabados en un moderno computador. Hasta el más mínimo detalle está registrado allí. Lo que ocurrió cuando Jesucristo murió en el Calvario, es que la totalidad de la información contenida en el PC se borró y no hay forma de recuperarla. Esta ilustración gráfica pone de presente otro hecho: el Hijo de Dios le abre las puertas para que comience una nueva existencia. Él le ayudará a crecer personal y espiritualmente. La decisión de aceptar esa oportunidad está en sus manos. Hay quienes pasan a una eternidad de oscuridad porque jamás tomaron la decisión a tiempo, dejando de lado el hecho de que por la redención de Cristo, fuimos reconciliados con el Supremo Hacedor (Romanos 5:11).
Jesucristo sigue vivo hoy en la gloria eterna, tal como lo describe el versículo 3 "...se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas". En las Escrituras leemos que desde su privilegiada posición, Jesucristo está pendiente de nosotros y es quien obra como intercesor ante el Padre. "¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros"(Romanos 8:34).
II.- Jesucristo es eterno, no fue creado y es superior que los ángeles.- (vv.5-7).
1.- En las Escrituras leemos que Jesucristo tiene la misma naturaleza divina que el Padre.- Un primer fundamento está en el evangelio de Juan: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y aquél Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. A Dios nadie lo vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el senod del Padre, él lo ha dado a conocer."(Juan 1:1, 14, 18). En la carta de Pablo a los creyentes de Colosas leemos que Cristo "Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades, todo fue creado por medio de él y para él"(Colosenses 1:15, 16 Cfr. Hebreos 1:10, 11).
Estas enseñanzas acompasan con Hebreos 1:5, 6, en donde deja sentado que Jesucristo es Hijo del Altísimo; vino a cumplir una misión en la tierra y por esa razón se encarnó en María virgen, y volvió al Padre. No fue una creación más. Tiene la naturaleza divina. No es igual que los ángeles como pretenden asegurarlo organizaciones religiosas de nuestro tiempo, desconociendo la divinidad de Jesucristo. Por el contrario, los ángeles –que sí fueron creados—le tributan adoración: "Adórenle los ángeles de Dios"(versículo 6).
2.- Los ángeles no tienen poderes autónomos; están sujetos a Dios.- La enseñanza sobre la angeleología que busca mezclar enseñanzas religiosas de Occidente con principios de Nueva Era y que tanto auge ha tomado, queda por tierra cuando aprendemos en el versículo 7, que Dios "...hace de los ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego".(Cfr. Salmo 104:4).
III.- Características de la misión del Señor Jesucristo.-(vv.8-13).
1.- El reino de Jesucristo es eterno (v. 8).- Al aceptar a Jesucristo como único y suficiente Salvador, comenzamos a formar parte de la "ciudadanía del reino de los cielos", y estaremos en Su presencia, por siempre. Normalmente nuestra mente finita no alcanza a dimensionar lo que es eternidad, pero es una certeza que experimentaremos una vez concluya nuestro tránsito terreno.
2.- El reino de Jesucristo es santo (v. 9).- El hecho de haber "...amado la justicia, y aborrecido la maldad..." determina una característica de santidad en el reino de Jesucristo. De paso nos confronta con el tipo de vida que espera de sus seguidores. Dejar de lado la maldad es posible cuando dependemos de El para vencer la tentación y la inclinación al pecado.
3.- El reino de Jesucristo no cambia; es inmutable (v. 12).- En el Señor Jesús podemos depositar toda nuestra confianza porque "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos"(Hebreos 13:8).
IV.- Los ángeles desarrollan una tarea de ayuda a los hijos de Dios (v. 13).
No responde a nuestras oraciones sino que cumplen órdenes específicas de Dios. El autor sagrado los califica como "espíritus ministradores". No actúan por su propia voluntad ni tienen poderes que utilizan conforme quieren. Dependen de Dios y cumplen órdenes de Él.



Lección nº 2:
Jesucristo nos conoce y desea ayudarnos
Hebreos 2:1-18
Versículo para memorizar:
"Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel Sumo Sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo"(Hebreos 2:17).
¿Qué aprenderemos hoy?
Es necesario comprender en su verdadera dimensión la obra de Salvación efectuada por el Señor Jesucristo; la nueva oportunidad de vida que nos ofrece, y de qué manera hoy está dispuesto a ayudarnos cualesquiera que sea la situación por la que atravesemos.

¿Qué nos dice la Escritura?
En el estudio de hoy aprendemos que:
I.- Jesucristo compró en la cruz nuestra libertad de las ataduras del pecado (vv.1-8).
    A.- El evangelio debe ser práctico.- Los principios bíblicos no solo deben interiorizarse sino también, tomar fuerza en nuestra forma de pensar y de actuar. Sólo así deja de ser letra muerta y expresiones externas de religiosidad para convertirse en Vida Cristiana Práctica (v. 1).
    B.- Un nuevo sistema de vida.- La Ley que contenía los mandamientos de Dios, trajo consigo el castigo para los transgresores (v.2). Humanamente representaba una lucha enorme entre la inclinación pecaminosa del ser humano y los principios que debía cumplir.
    C.- La nueva ley de libertad en Cristo.- Estamos llamados a valorar la nueva vida que Dios nos otorga por la obra de Salvación de Cristo Jesús en la cruz. El sacrificio que hizo nos reconcilia con Dios y nos abre las puertas para caminar en consonancia con unos principios aplicables a nuestra cotidianidad y no como la Ley, que era difícil de llevar (vv.3, 4).
II.- Con Jesucristo en nosotros, no hay razón para seguir experimentando la derrota (vv.9-16).
    A.- Jesucristo es Dios encarnado, hecho hombre.- En su condición humana, el Señor Jesús fue un poco menor que los ángeles. Se identificó con nuestra naturaleza. Conoció las debilidades, temores, frustraciones y anhelos que nos asaltan. Es cercano a nosotros. Llevó la carga del pecado que cometimos, murió en la cruz y alcanzó para nosotros la victoria. Por su obra podemos vencer al viejo hombre Gracias a El no somos los seres inclinados al fracaso como consecuencia del pecado, sino llamados a la victoria y al crecimiento personal y espiritual permanente (vv.9, 10).
    B.- No podemos seguir como en el pasado, viviendo para pecar.- Ahora tenemos la fortaleza necesaria, que hallamos en Jesucristo (Filipenses 4.13) para vencer toda atadura al viejo hombre.
III.- Gracias al Señor Jesucristo ahora somos hijos de Dios (vv.11-18).
    A.- Retornamos a casa: a la presencia de Dios.- Ya no somos los hijos desterrados por el pecado, sino hijos de Dios. La obra redentora del Señor Jesucristo lo hizo posible. Significa que ahora podemos ir a la presencia del Señor sin temor por un pasado de pecado que nos convertía en merecedores de la muerte (vv.11-13).
    B.- Ahora somos libres.- La obra redentora del Señor Jesucristo nos hizo libres de la atadura de la muerte, instrumento de Satanás para llevarnos a la desaparición eterna. El sacrificio de Jesús en la cruz derrotó al autor de las persecuciones en nuestra contra, al diablo. Ahora no nos puede echar en cara un pasado pecaminoso, porque las transgresiones fueron borradas. Tenemos una nueva oportunidad (vv.14-16).
    C.- Jesucristo, Sumo Sacerdote.- En el Señor Jesucristo tenemos al Sumo Sacerdote que conoce, comprende y está dispuesto a ayudarnos en las situaciones que experimentamos. No hay crisis que sea ajena al Hijo de Dios. El pone su brazo comprensivo en sobre nuestro hombro cuando creemos que no hay salida para el laberinto. Nos sonríe y con tono comprensivo nos dice: "Estoy aquí para ayudarte". La paz tomará fuerza en nosotros ya que sabemos que, tomados de Su mano, no hay nada que temer. Todo saldrá bien (vv.17-18).



Lección nº 3:
Jesucristo Sumo Sacerdote y Apóstol
Hebreos 3:1-17
Versículo para memorizar:
"Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo..." (Hebreos 3:12).
¿Qué aprenderemos hoy?
Gracias a la obra redentora del Señor Jesucristo quien cumplió a cabalidad y fielmente la misión de redimir al género humano de su condición de pecado, llegamos a ser pueblo santo de Dios. Gozando de una nueva naturaleza, aquella que nos confiere la Salvación del Hijo de Dios para nosotros, no podemos incurrir en una actitud de rebeldía e incredulidad como la que impidió a una enorme muchedumbre de israelitas entrar en la tierra prometida.

¿Qué nos dice la Escritura?
En el estudio de hoy aprendemos que:
I.- Por la obra redentora del Señor Jesucristo ahora somos pueblo santo de Dios (v.1)
1.- Una condición muy especial.- Hasta el momento en que aceptamos al Señor Jesús en nuestro corazón como único y suficiente Salvador, éramos pecadores. Cuando entendimos y asumimos la obra de Salvación, comenzamos a ser llamados a ser hijos de Dios. Esa es la razón por la que el autor sagrado inicia el pasaje con el término "hermanos santos".
2.- Una vocación muy especial.- Sujetos a una vida mundana, éramos ajenos a las cosas de Dios. Sin embargo por su infinita misericordia, borró nuestro ayer de pecado y nos llamó a ser nuevas criaturas, de ahí que el autor nos califique como "participantes de la vocación celestial".
3.- Un Ser superior muy especial.- Para los cristianos el Señor Jesucristo es Apóstol –cabe anotar aquí que es el único pasaje de las escrituras en las que se llama a Cristo como Apóstol—y Pontífice. Cuando experimentamos problemas o no sabemos qué camino tomar, vamos a El en oración. Es nuestro Ser superior. Superior porque es Dios, y nuestro Ser porque somos hijos de Dios y El es nuestro amado Dios.
II.- El servicio fiel del Señor Jesucristo en la casa de Dios (vv. 2-6).
1.- El Señor Jesús cumplió la misión que se le encomendó.- "El cual fue fiel al que le constituyó". Aunque cumplir su tarea implicó experimentar la incomprensión y llevar sobre sí toda la crueldad que volcó sobre su vida el género humano cuando le rechazaron como Salvador, fue a la cruz. Era el único camino para limpiarnos del pecado y abrirnos las puertas a una nueva vida (v.2, 3).
2.- Moisés fue fiel, Cristo fue Superior.- Moisés fue fiel a la tarea que se le encomendó de llevar a Israel desde las vegas y tierras de Egipto hasta Canaán. Fueron cuarenta años de sufrimiento pero también, de crecimiento personal y espiritual. Todos los hechos que rodearon su tránsito, le permitieron aprender. El trasegar no fue en vano.
3.- Somos casa de Dios.- Los redimidos por Cristo y también los israelitas que permanecieron fieles a Su Hacedor, son llamados en este pasaje como "Casa de Dios". El autor lo aclara más cuando escribe: "Mas Cristo como hijo, sobre su casa; la cual casa somos nosotros...". El versículo 6 explica la importancia de mantenernos firmes en la confianza de la obra de Dios, oportuna y eficaz por encima de las circunstancias. Es caminar por un prologado desierto, tomados de la mano del Señor Jesucristo sin desmayar aún cuando no vemos mayores cambios a nuestro alrededor.
III.- Somos llamados a guardar la fidelidad a Dios (vv.7-11).-
1.- Es necesario confiar en Dios (vv.7-10).- Para entender el contexto de la exhortación que hace el Señor en los versículos 7 y 8, es necesario que nos remitamos a Éxodo 7:1-7. ¿Recuerda el pasaje? Si no es así, estúdielo ahora. Los israelitas salieron del desierto de Sim en dirección a Refidin. En su tránsito descubrieron que no había agua. Se rebelaron (Masá) contra el Señor y Creador y riñeron con Moisés (Meribá). No volvieron su mirada a Dios, miraron las circunstancias.
2.- En las Escrituras habla el Espíritu Santo.- Este concepto reviste particular importancia. Lemos: "Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz,  no endurezcáis vuestros corazones". Esta línea bíblica nos explica la importancia que tiene la Palabra de Dios. Es El quien nos habla a través de los textos que inspiró a sus siervos.
3.- La rebeldía trae consecuencias.- Resulta significativo descubrir en los versículos 10 y 11 que la rebeldía y desconfianza en el poder y provisión de Dios, trae sus consecuencias. Para algunos es un desprendimiento de la mano del Señor con quien debemos caminar cada día en todas las circunstancias. Para los Israelitas fue una separación del Hacedor. No porque El lo quisiera, sino por la rebeldía de el pueblo escogido.
IV.- Pautas bíblicas para permanecer fieles a Dios (vv.12-17).-
1.- Es necesario que guardemos nuestro corazón.- Guardarse significa permanecer alerta frente a las emociones negativas, el rencor, el orgullo, los temores infundados, la auto exaltación y muchos factores que impiden nuestro crecimiento personal y espiritual, como lo encontramos descrito en el versículo 12.
2.- Es necesario animarnos unos a otros a permanecer fieles a Dios (v.13 b).- Es una forma de avanzar en el proceso de crecimiento personal y espiritual. Imagine un grupo de ciclistas subiendo por una vía particularmente empinada. Alguien se queda rezagado. Entonces quien va encabezando el grupo, detiene la marcha, se regresa y anima a quien se quedó. Le dice: "Animo, tu puedes, tienes las condiciones para vencer".
3.- Es necesario evitar que el pecado tome fuerza en nosotros (v. 13 c.).- La advertencia bíblica es clara: "Antes exhortaos los unos á los otros cada día... porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado". Pecar es algo que se obra deliberadamente y en muy pocos casos, involuntariamente. Lo que sí es cierto en los dos casos es que es muy sutil. Va tomando fuerza en el ser humano y lo lleva a actuar como jamás imaginó, incluso hasta tocar fondo.



Lección nº 4:
Perseverando para entrar en el reposo de Dios
Hebreos 4:1-13.
Versículo para memorizar:
"Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y mas cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Hebreos 4:12).
¿Qué aprenderemos hoy?
¿Qué significa entrar en el reposo de Dios? El significado de este término en el capítulo cuatro de la carta a Hebreos, despierta sinnúmero de opiniones encontradas. Nosotros desde la perspectiva bíblica encontramos asociado el reposo con estar en la presencia del Creador durante toda la eternidad. Eso es algo fundamental.
Por supuesto surge otra pregunta sumamente polémica, ¿quiere significar esto que se pierde la Salvación? No pretendemos entrar en este debate teológico. Sin embargo vale la pena recordar algunos versículos que arrojan luces al respecto.
El apóstol Pablo escribe: "Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera, peleo, no como quien golpea el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado"(1 Corintios 9:25-27).
En Hebreos leemos: "Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos... ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que los oyeron..." (Hebreos 2:1, 3).
Todo lo anterior pone en evidencia la importancia de conocer al Señor Jesucristo y permanecer fieles en sus caminos.

¿Qué nos dice la Escritura?
En el estudio de hoy aprendemos que:
I.- Los ojos puestos en la promesa del reposo de Dios (vv.1).
1.- Un temor que se asocia a permanecer alerta (v. 1).- Con frecuencia recuerdo la historia de la liebre y la tortuga. La conocemos todos. La liebre –confiando en sus capacidades físicas y sagacidad propias—se quedó dormida mientras que la tortuga perseveró hasta el final y llegó a la meta. El problema de un cristiano es la demasiada confianza en si mismo. No es en nuestras fuerzas que vencemos sino en las de Dios. "...no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado".
2.- Los peligros para quien desea permanecer firme (v. 1).- Cuando analizamos detenidamente el texto nos encontramos con dos peligros inminentes. El primero dejar de perseverar perdiendo la esperanza de entrar en el reposo de Dios, situación que se presenta con demasiada frecuencia en el pueblo cristiano; el segundo, la falta de fidelidad. El mundo buscará arrastrarnos a los hábitos, prácticas y criterios del "viejo hombre" que abandonamos, para llevarnos a perder el camino recorrido. Ese simple hecho amerita que permanezcamos tomados de la mano del Señor Jesús.
II.- La importancia de la fidelidad y la fe para entrar en el reposo de Dios (vv.2-5)
1.- Es necesario permanecer en fidelidad (v.2).- Los israelitas al salir de Egipto recibieron la promesa de entrar en el reposo de Canaán, la tierra prometida. Sin embargo la primera generación no alcanzó a disfrutar de tal bendición como consecuencia de su incredulidad y rebeldía. Nosotros por la obra redentora del Señor Jesucristo tenemos la promesa de las bendiciones presentes, y futuras, ante Su presencia eterna. ¿Podremos disfrutarlas? Por supuesto que sí, siempre y cuando nos guardemos fieles y firmes. El autor sagrado nos advierte no caer en la actitud de Israel en el desierto a quienes "no les aprovechó el oír la palabra, (las buenas nuevas sobre el reposo en Dios y su tierra prometida) por no ir acompañada de fe en lo que oyeron".
2.- Fe, una palabra esencial (v. 3-5).- Cuando a un creyente en el Señor Jesucristo le asiste la fe en las promesas, éstas se cumplen. La fe, en el caso específico que nos ocupa, asegura que entraremos en el reposo de Dios. Desde que concluyó la fundación del mundo, Él estableció todo cuidadosamente y por supuesto, había fijado un lugar de reposo para su pueblo; sin embargo, a usted y a mí nos corresponde entrar en él.
III.- No podemos dejar de entrar en el reposo de Dios (vv.6
1.- No podemos repetir la historia (vv.6, 7).- Hay quienes tras aceptar a Jesucristo como único y suficiente Salvador, ya están en camino al reposo de Dios. Desde ya están disfrutando sus bendiciones por tener la nueva ciudadanía, aquella que les confiere el restablecer la relación con el padre y ser parte de la muchedumbre de sus hijos. Otros todavía no lo han hecho, aunque seguramente llegarán. Una buena parte también y como es previsible, rechazarán las buenas nuevas. No podemos repetir la historia y ser rebeldes porque incurriríamos en el error del pueblo de Israel en el desierto "...a quienes se les anunció la buena nueva (pero) no entraron por causa de la desobediencia".
2.- Es hora de entrar en el reposo de Dios (vv.8-11).- ¿Qué significa aquello de que "el que ha entrado en el reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas" (v. 10)? Es necesario que recordemos siempre que hay bendiciones presentes, y también futuras. Las bendiciones presentes están referidas en que la Salvación nuestra no es por méritos o quizá obras, sino por la fe en la redención que hizo Cristo de nuestros pecados en la cruz, abriéndonos las puertas a una existencia renovada aquí en la tierra. Las bendiciones futuras guardan estrecha relación con la permanencia nuestra por la eternidad en Su presencia divina y gloriosa.
IV.- ¿Cuál es la alternativa para entrar en el reposo de Dios? (vv.11-13).
1.- Se requiere disposición y permanencia (v. 11).- Hay una frase que es necesario recordar siempre cuando nos referimos a la vida cristiana: "Quien gana la carrera no es aquél que comienza primero o con mayor ímpetu, sino quien permanece firme hasta el final, así llegue de último". Es común apreciar cristianos que comienzan con un denuedo único pero conforme advierten tropiezos y obstáculos en su camino, se quedan rezagados. ¿Es acaso ese el propósito de Dios? En absoluto. Él espera que luchemos en Sus fuerzas y no en las nuestras para que permanezcamos firmes. Es a este aspecto que se refiere el apóstol cuando escribe: "Procuremos, pues..." y también "... para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia".
2.- Se requiere asirnos de la Palabra y el poder que se deriva de ella (v. 12).- ¿Las razones? Son por lo menos cuatro:
a.- "...es viva y eficaz"
b.- "...más cortante que una espada de dos filos"
c.- "... penetra hasta partir el alma"
d.- "... y discierne los pensamientos, y las intenciones del corazón".
3.- Se requiere caminar para Dios, ante quien responderemos (v. 13).- No olvidemos jamás que el Señor conoce todas las cosas y cuanto hacemos:
a.- "...las cosas están desnudas y abiertas" ante sus ojos (v. 13 a).
b.- Ante Dios "tenemos que dar cuenta de todas las cosas" (v. 13 b).



Lección nº 5:
Un sumo sacerdote celestial que nos comprende y ayuda.
Hebreos 4: 14-16; 5:1-10
Versículo para memorizar:
"Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos."(versículos 15, 16. Nueva Versión Internacional).
¿Qué aprenderemos hoy?
El Señor Jesús murió por nuestras pecados en la cruz. Un sacrificio que marca un cambio en la historia de nuestra vida. Algunos aceptan ese regalo de Dios, otros se niegan a comprometer su existencia con Aquél que hizo todo para salvarnos. Pero se suma algo más a este sacrificio redentor: Jesús como en el Antiguo Testamento lo hiciera Aarón, se constituyó en Sumo Sacerdote. Él ejerce no en la tierra como ocurrió con la línea sacerdotal designada por Dios, sino en el cielo mismo, ante el Padre.
Al referirse a su ministración a nuestro favor, el autor de Hebreos señala que reviste especial significación porque hallamos en Él a "uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado." y es gracias a su obra que podemos acercarnos "confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.".
Sobre la base de la analogía que se hace de Jesús como Rey-Sacerdote, aludiendo al ministerio que ejerció Melquisedec (versículo 6), entendemos que el Señor Jesucristo es nuestro Rey sacerdotal. ¿Se da cuenta de la grandeza que representa? Es Rey y también Sacerdote.
Otro aspecto de relevancia para tener en cuenta es que hasta el momento en que el Señor Jesús inicia su tránsito terrenal, los sacerdotes que ministraban delante del Santuario tenían que ofrecer sacrificios por el pecado del pueblo. El Jesucristo se ofreció así mismo de una vez y para siempre, y saldó la cuenta pendiente con el Padre debido a nuestros pecados.

¿Qué nos dice la Escritura?
En el estudio de hoy aprendemos que:
I.- El Señor Jesús, Sumo Sacerdote que nos ministra delante del Padre (vv.14-16).
1.- Cristo como Sumo Sacerdote.- Históricamente el sacerdote que ministraba delante de Dios sólo podía entrar una vez por año al Lugar Santísimo y no podía hacerlo de cualquier manera sino bajo claras prescripciones de Dios. Hacer lo contrario, implicaba la muerte (Levítico 16:2, 3). ¿Muy duro el precio a pagar? Es probable que desde nuestra perspectiva lo percibamos así, pero recuerde que el sacerdote entraba a la presencia de Dios y Él amerita santidad de su pueblo. Él es Santo. Jesús fue el Sacrificio único y para siempre, que eliminó la distancia que nos separaba del Padre.
2.- Dios se hace hombre para morir en sacrificio.- Jesús, el Hijo de Dios, dejó su condición eterna con el Padre para encarnarse y, en el plano humano, morir por cada uno de nosotros. Esa es la razón por la que el autor señala "Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos."(v.14)
3.- El Señor Jesús conoce nuestra condición de pecado.- Eso es importante porque nos asegura que, después de ganar el perdón para nosotros en la cruz, puede fortalecernos cuando la tentación amenaza con sacarnos del sendero de vida. "Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado."(v.15).
II.- El Señor Jesucristo nos abrió la puerta delante del Padre (v. 16).
1.- Somos justos delante de un Dios santo.- Antes nuestra vida era llena de pecado, lo que nos impedía siquiera levantar la mirada delante del Señor Todopoderoso. Con la obra del Señor Jesús en la cruz, nuestros pecados fueron borrados. Limpios de esa condición contraria a la santidad que caracteriza al Padre, ahora podemos ir a Su presencia sin temor de morir. "Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia"(v. 15 a.)
2.- Dios tiene misericordia de Su pueblo.- Desde la misma creación, Dios mostró su amor al crear un mundo que pudieran habitar Adán y Eva y por ende su descendencia. Él proveía y además atendía cualesquiera de sus necesidades. Cuando el pecado entró en el jardín de Edén, se produjo esa separación del hombre frente a Dios. Al ser reconciliados por el Señor Jesús, tenemos asegurada la misericordia de nuestro Padre cualquiera que sea la necesidad que nos asista. Si la solución está en conformidad con Su voluntad, podemos tener la tranquilidad de que las oraciones serás respondidas. No hay problema, carencia económica o enfermedad que pueda impedir el mover divino. Es necesario entonces acercarnos confiadamente "para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos"(v.14 b).
III.- Gracias al sumo sacerdocio del Señor Jesús podemos vencer el pecado (5:1-5)
1.- Perdonados de una vez y para siempre.- Gracias a la misericordia de Dios que envió a su Hijo Jesús a morir por nuestros pecados, tenemos asegurado el perdón, y el caminar tomados de Su mano nos lleva a sobreponernos cuando las tentaciones amenacen con llevarnos a una caída. Recuerde que el reemplazó la función que realizaba humanamente un sumo sacerdote. "Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados"(5:1).
2.- Por la obra de Jesús el Señor, hay todavía oportunidad para los pecadores.- Gracias a su sacrificio en la cruz, quienes acepten a Jesús como Señor y Salvador, reciben perdón de pecados y la entrada al trono de gracia, delante del Padre (vv.2-4).
3.- El Señor Jesús glorificó al Padre con su sacrificio.- El Salvador no se atribuyó los méritos por morir en la cruz a favor nuestro en procura de obtener nuestro perdón. Glorificó a Dios el Padre. Es un claro ejemplo para nosotros hoy: no somos nosotros los hacedores de maravillas, ni tampoco quienes debemos llevarnos el reconocimiento por el desenvolvimiento en la obra, sino Dios mismo, quien nos llamó por Su infinita misericordia. "Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec."(vv.5, 6).
3.- El Señor Jesús conoce la debilidad del ser humano.- Una de las características maravillosas que rodean al Señor Jesucristo, estriba en el conocimiento que tiene de la debilidad humana. Experimentó las mismas circunstancias nuestras, excepto que no cedió al pecado. En su ministerio terrenal dependía de Dios el Padre y esa situación aseguró vencer. Igual con nosotros hoy si proseguimos tomados de Su mano (vv.7-10).



Lección nº 6:
Camino a la madurez cristiana
Hebreos 5:11-14; 6:1-20
Versículo para memorizar:
"Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios..."(Hebreos 6:1)
¿Qué aprenderemos hoy?
Hace pocos días leía una ponencia del teólogo bautista Harold Segura en la que se refería la importancia de alcanzar madurez en la vida cristiana. Asociaba este objetivo a través del discipulado. Me impactó su análisis. Es vivencial.
Conocer al Señor Jesucristo como Salvador es esencial, pero esta determinación debe ir seguida por un segundo paso: caminar junto a Él, tomados de Su mano. Nos asegura victoria en medio de las crisis, las tentaciones y los períodos de incertidumbre que asaltan la vida del creyente.

¿Qué nos dice la Escritura?
En el estudio de hoy aprendemos que:
I.- Es necesario avanzar en el proceso de crecimiento espiritual (5:11-13).
1.- La autosuficiencia y la renuencia a comprometerse, actitudes que afectan la vida espiritual.- "Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír"(v.11).Con frecuencia encontramos dos actitudes entre quienes han conocido al Señor Jesucristo. La primera es que hay quienes rápidamente se infatúan y consideran que ya lo saben todo y no tienen nada más que aprender. Pronto vuelven atrás en su vida espiritual.
La segunda y no menos perjudicial, es el temor que se refleja en renuncia de muchas personas a comprometerse con las cosas de Dios. Las Buenas Nuevas de Salvación les parecen extraordinarias, pero una vez deben permitir el obrar divino en su existencia, cierran las puertas.
2.- La madurez está ligada al proceso de crecimiento espiritual.- En Efesios 4.14 y 1 Corintios 3:1-3 hallamos unas palabras que guardan estrecha relación con Hebreos 5:12-14. Están volcadas a enfatizar la importancia de adquirir madurez en la vida cristiana. La madurez toma forma a partir del vocablo griego téleios y se puede verter al castellano como madurez –nivel de conocimiento completo—o perfección. Es en esencia un proceso. Los eruditos orientan el significado hacia "alcanzar un blanco, una meta".
3.- Es posible llegar a un nivel de estancamiento.- Uno de los aspectos centrales de esta carta a Hebreos tiene especial significado cuando leemos los versículos 12 y 13: "Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño...".
Nos debemos formular una pregunta, ¿estamos avanzando hacia la madurez espiritual o simplemente leemos las Escrituras por adquirir conocimiento intelectual? Recuerde que es esencial llevar ese aprendizaje a la vida cristiana práctica. Es la forma más eficaz de vivir a Cristo en el día a día.
II.- El Señor Jesucristo impacta nuestra vida hacia el cambio (5:14; 6:1-7)
1.- Las dos etapas: estancamiento y crecimiento. ¿En dónde estamos?(v.14).- ¿Quiénes participan del alimento sólido? Quienes han ido aprendiendo más y más de Dios. ¿Cómo se aprender acerca del amado Señor y Creador? Mediante la íntima relación que desarrollamos con Él en oración y la meditación de Su Palabra.
2.- Es necesario revisar nuestra vida y aplicar correctivos (6:1- ).- "Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios..."(vv.1,2). Conforme aprendemos nuevos principios y pautas de vida y los aplicamos a nuestra forma de pensar y de actuar, dejamos atrás los primeros pasos y crecemos en Cristo. Es un proceso, en el que estamos llamados a tomar parte todos.
3.- La permanencia en el camino de Dios es clave (vv.2-7).- ¿Se pierde la Salvación? Esa es una pregunta que desde siempre ha dividido a muchas iglesias. Es un aspecto doctrinal profundo. Entendemos que la Salvación como tal no se pierde. Un ejemplo: usted es hijo de su padre terrenal y no perderá esa condición, pero sí pierde las posibilidades de ser heredero si hace algo que no solo rechaza su ascendencia sino que además deja de lado su familia. Entonces, bien podría ser hijo de fulano de tal, pero estar desheredado. Hay quienes conocen a Cristo como Señor y Salvador y pronto dejan el Camino y pretenden que viviendo a su manera, alcancen vida eterna. Esa es una salvación amañada, conforme a los intereses de quien recibió el beneficio del perdón de los pecados, pero no es necesariamente lo que Dios espera y desea (vv.2-8).
III.- Dios reconoce nuestro esfuerzo por permanecer firmes (6:9- ).
1.- Buscar a Dios implica permanecer en El (vv.9-12).- Traiga por un instante a su memoria la imagen de quienes llevan mucho tiempo en el caminar con Cristo. Enfrentan dificultades, las circunstancias parecen vencerlos y por momentos han sentido vivo deseo de volver atrás. Sin embargo toman fuerzas mediante la oración al Padre y avanzan. ¿Acaso no valora Dios estos esfuerzos? Sin duda que si. La Palabra dice: "Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún."(v.10).
2.- El vencedor es quien prosigue hasta el final (v.11).- Es probable que haya visto a su alrededor cristianos que han avanzado espiritualmente con una rapidez extraordinaria. Sin embargo cuando menos se espera, renuncian y vuelven al mundo. Usted que creía que jamás alcanzaría el desarrollo de la fe y la madurez, observa sin embargo que sigue avanzando. Los hechos nos muestran que el ganador de la carrera no es el que arranca primero, sino aquél que permanece. Y ese es el propósito de Dios para nosotros: "Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.".



Lección nº 7:
Un sacerdocio que nos acercó a Dios eternamente
Hebreos 7:1-28
Versículo para memorizar:
"Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos."(Hebreos 7:23-25).
¿Qué aprenderemos hoy?
Con la misión que desarrolló el Señor Jesucristo, cambió el curso de la historia del género humano porque hasta su muerte en la cruz, resurrección y exaltación como Señor y Salvador, los sacerdotes que sacrificaban en el altar eran humanos (Hebreos 7:4-11).
Con Jesucristo el viejo pacto dio paso a un nuevo pacto, por su preciosa sangre que nos limpia de todo pecado y nos justifica ante el Padre.
El Sacerdocio que desarrolla es eterno. Ahí encaja la figura de Melquisedec, de quien no se conoce ni su origen ni su ascendencia ni descendencia (Hebreos 7:3). De esta manera entendemos que quedó abolido el que, desde entonces comenzó a ser el antiguo sistema sacerdotal.
La Versión de la Biblia Al Día lo explica de la siguiente manera: "Sí, el sistema de sucesión sacerdotal antiguo basado en el abolengo de los individuos, quedó abolido porque no dio buen resultado. Era débil e ineficaz para la Salvación de la gente, jamás hizo a nadie acepto ante Dios. En cambio, ahora tenemos una esperanza extraordinariamente superior, porque Cristo nos hace aceptos ante Dios, y nos permite acercarnos al Altísimo"(Hebreos 7:18, 19).

¿Qué nos dice la Escritura?
En el estudio de hoy aprendemos que:
I.- La historia del sacerdote Melquisedec está ligada con nuestro eterno Sacerdote, el Señor Jesucristo (vv.1-20).
1.- Una misión encargada por Dios.- El autor sagrado hace un parangón entre el sacerdote Melquisedec, de quien no se conocía genealogía con el Señor Jesús (vv.1-3). En su momento Melquisedec fue quien obró como representante de Dios "que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo...". Se identifica con Jesucristo no solo en que es enviado del Señor sino que además, es y ejerce como Rey de Justicia y Rey de Paz. La diferencia entre uno y otros es que el Hijo de Dios permanece para siempre.
2.- El sacerdote Melquisedec rompió todos los esquemas.- El, de acuerdo con el registro bíblico que leemos entre los versículos 4 y 9, recibió de Abraham los diezmos de lo obtenido como botín de guerra aunque esta Ley de diezmar todavía no se había instituido. Estos versículos que tienen aplicación específica al contexto judío, revisten importancia cuando se refiere al reconocimiento que hizo Dios de Melquisedec. En otras palabras, vendría a ser material para información que es importante conocer con el propósito de despejar lagunas o interrogantes.
3.- Con el Señor Jesús se reemplazó un sacerdocio que tuvo visos de imperfección (vv. 11-21).- Así lo explica el autor de Hebreos en el versículo 11. Plantea en el verso 12 que al entronizarse el Señor Jesús como Sacerdote, es evidente que se cambia la ley que hasta entonces regía al pueblo israelita y a aquellos que siendo gentiles habían llegado a conocer al Dios verdadero.
II.- El sacerdocio del Señor Jesucristo es eterno (vv. 22-28).
1.- La Salvación y la vida eterna pertenecen a quienes por el Señor Jesús se acercan a Dios.- La oportunidad la extensión Dios a todo el género humano (vv.22-25). La decisión de aceptar o no la Salvación es personal. El está dispuesto a "salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo para interceder por ellos".
2.- El Señor Jesús se ofreció una vez y para siempre (vv.26 - 28).- Cuando Cristo se ofreció por nosotros en la cruz, quitó la brecha que nos separaba del Supremo Hacedor. Desde entonces el Creador nos ve en consonancia con los atributos de santidad, inocencia y sin mancha que rodeaban al Señor Jesús (v. 26).



Lección nº 8:
Jesucristo, mediador de un Nuevo Pacto
Hebreos 8:1-13
Versículo para memorizar:
"Pero ahora tanto mejor ministerio es el de Jesús, por cuanto es mediador de un pacto mejor, basado sobre mejores promesas. Si el primer pacto hubiera sido sin defecto, no se hubiera procurado un segundo pacto"(Hebreos 8:6, 7).

¿Qué aprenderemos hoy?
Es maravilloso comprender que nuestra esperanza no se afinca en el presente, en donde las circunstancias adversas muchas veces nos llevan a tambalear y a pensar incluso que no vale la pena seguir adelante. Nosotros, como hijos de Dios y gracias a la obra redentora del Señor Jesús, tenemos asegurado el estar por siempre en Su divina presencia. Es algo que nuestra mente finita no alcanza a dimensionar, pero que es realidad porque la sangre de Cristo lavó nuestros pecados y nos hizo aceptos delante del Padre.
Vamos a poner el asunto en perspectiva desde un plano humano. Supongamos que usted necesita entrevistarse con el Presidente. Siguiendo el proceso normal de pedir cita, esperar respuesta y finalmente encontrarse con la negativa, ha comprendido que no será fácil. De pronto usted recuerda que es cercano al hijo de ese gran mandatario. ¿No buscaría usted un encuentro con la máxima autoridad de su país acudiendo a la mediación del hijo? Sin duda que sí. Eso es lo que ocurre—guardando las proporciones—con el Señor Jesús quien nos acerca al Padre.
Hoy, además de tener acceso a Su trono de gracia y de misericordia, tenemos asegurada Su presencia en nosotros mediante el Espíritu Santo. Es Él quien nos ayuda a avanzar con pasos firmes y sostenidos en el proceso de crecimiento personal y espiritual.
Estamos ahora bajo un nuevo pacto, el que hizo posible el sacrificio redentor del Señor Jesús. Y nuestro compromiso es vivir en consonancia con este nuevo orden que invalidó el pacto antiguo, que se fundamentaba en la Ley (v. 13).

¿Qué nos dice la Escritura?
En el estudio de hoy aprendemos que:
I.- El Sumo Sacerdote, el Santuario y la eternidad con Dios (vv.1-5).
1.- Dios está cerca de nosotros.- Gracias a la obra del Señor Jesús quien ahora es un "Sumo Sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en el cielo..." usted y yo podemos ir al Padre sin temor. Antes, en la Ley, entrar en el lugar santísimo era un privilegio de los sacerdotes. Ahora es posible hacerlo con la oración. Vamos directamente a Aquél que nos creó. No vamos atemorizados sino convencidos de que, como sus hijos, tendremos respuesta a nuestro clamor (vv.1, 2).
2.- En el cielo nos espera un santuario que no podemos alcanzar a imaginar.- El Santuario terrenal es imagen del que encontraremos en la eternidad con Cristo, el Señor. Los sacerdotes humanos "sirven en un Santuario que es copia y sombra de lo que hay en el cielo"(v.5). Se trata de algo maravilloso porque trae esperanza a nuestro ser: no solo iremos a la presencia de Dios mismo sino que además, estaremos por siempre en la santidad de su templo, algo que bajo una vida pecaminosa ni siquiera podíamos soñar.
II.- Jesucristo, mediador de un nuevo Pacto (vv.6-9)
1.- Humanamente es difícil cambiar.- Es un principio que nos queda claro después de intentar una y otra vez dejar aquellos aspectos que nos atan a una vida de pecado. Sin embargo cuando vamos a Jesucristo en procura de ayuda, encontramos la fortaleza para vencer. Es a ese principio extraordinario que opera en nuestra existencia para llevarnos adelante en el proceso de crecimiento espiritual y personal, al que se refiere el apóstol cuando escribe: "Pero ahora tanto mejor ministerio es el de Jesús, por cuanto es mediador de un pacto mejor, basado sobre mejores promesas. Si el primer pacto hubiera sido sin defecto, no se hubiera procurado un segundo pacto"(Hebreos 8:6, 7).
2.- La misericordia de Dios se manifiesta en el nuevo Pacto.- El Padre en su infinito amor y misericordia vio en el género humano la rebeldía, los intentos vanos por cambiar y serle aceptos en Su presencia, y la frustración que se desprendía de cometer muchos y nuevos errores. Es allí donde entra en escena el Señor Jesucristo quien selló con Su sangre un nuevo pacto. El Señor Dios al respecto: "No como el pacto que hice con sus padres, el día que los tomé por la mano para sacarlos de Egipto. Porque ellos no permanecieron en mi pacto, y me desentendí de ellos—dice el Señor—"(v. 9. RVR 2000).
III.- Dios habita en cada uno de nosotros y es nuestro ayudador en el proceso de cambio y crecimiento cristiano (vv.10-13).
1.- El Señor Jesús mora en nosotros.- Él lo prometió a sus discípulos días antes de su sacrificio en la cruz. Él dijo: "Sin embargo os digo la verdad: Os conviene que me vaya, porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros. Pero al irme, os lo enviaré. Y cuando él venga convencerá al mundo de pecado, de juicio y de justicia"(Juan 16:7, 8). Fruto de su partida, perfeccionando el Plan de Dios para con la humanidad, es posible que se materialice hoy día lo que el Señor profetizó a través de sus siervos: "Pondré mis leyes en la mente de ellos, las escribiré sobre su corazón; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo"(v.11). Jesús vive en nosotros por el Espíritu Santo. Dios está en cada uno. Tenemos la presencia del Altísimo. Eso es maravilloso y nos asegura que estamos llamados a lograr ese cambio personal y el crecimiento espiritual que tanto anhelamos.
2.- Dios nos ofrece una nueva oportunidad.- Él lo prometió a través del profeta: "Porque perdonaré sus maldades, y no me acordaré de sus pecados"(v. 12). Nosotros fuimos perdonados por el sacrificio del Señor Jesús en la cruz y los pecados del ayer ya no cuentan. Somos limpios delante de la presencia del Padre. Tenemos una nueva oportunidad. No estamos bajo la vieja Ley, sino bajo un nuevo orden en el que tras aceptar a Cristo como Salvador, recobramos la condición de hijos de Dios justificados y santificados. Esa fue la condición con la que Él creó el género humano y que se perdió merced al pecado de Adán y Eva. Ahora hay un nuevo pacto. "Al llamar "nuevo" a este pacto, declara anticuado al primero. Y lo anticuado se envejece y desaparece"(v. 13).



Lección nº 9:
Jesús intercede ante Dios por nosotros
Hebreos 9: 1-28
Versículo para memorizar:
"Cristo, por el contrario, al presentarse como sumo sacerdote de los bienes definitivos* en el tabernáculo más excelente y perfecto, no hecho por manos humanas (es decir, que no es de esta creación), entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo. No lo hizo con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre, logrando así un rescate eterno."(Hebreos 9:11, 12. Nueva Versión Internacional).

¿Qué aprenderemos hoy?
Con la lección de hoy aprendemos aspectos de suma importancia que nos despejan interrogantes pero que además, aportan pautas y principios para el crecimiento personal y espiritual:
Con la muerte del Señor Jesucristo quedó sellado un Nuevo Pacto. Gracias a su preciosísima sangre, vertida en la cruz, nuestros pecados fueron limpiados. Se trata de un hecho de suma importancia porque lo que antes no podía el hombre mediante los sacrificios de animales que oficiaba el sacerdote, lo logró el Señor Jesucristo, nuestro eterno y gran Sumo Sacerdote, quien intercede ante el Padre por todos nosotros.
La obra redentora de Jesús, el Señor, nos lleva a pensar si todavía estamos bajo una condición de pecado –por no aceptar la Salvación que hizo en la cruz para nosotros—o si ya estamos conscientes de este hecho que cambia el curso de nuestra historia y nos lleva a vivir, no para nosotros sino para Cristo.
Los sacrificios que continúa realizando el judaísmo en procura de perdón, ya no tienen efecto porque un mejor sacrificio: Cristo fue hecho para siempre.
Reciben el perdón de sus pecados no solo quienes ahora aceptan a Jesús como su Señor y Salvador, sino también quienes en el futuro darán ese paso definitivo.

¿Qué nos dice la Escritura?:
En el pasaje bíblico que estudiaremos hoy aprendemos que:
I.- Humanamente era imposible que el hombre lograra el perdón definitivo de sus pecados (vv.1-10).
El Señor Jesucristo cambió el curso de la historia del género humano. Hasta antes de cumplir su divina misión, eran sacerdotes humanos quienes sacrificaban a favor de los pecadores y por sus propias trasgresiones (vv.1-7). Sin embargo era necesario que lo hicieran continuamente (v. 6) y el sumo sacerdote mismo era alguien manchado por el pecado.
1.- Jesucristo abrió el camino a la presencia de Dios. Su misión redentora lo hizo posible. Ahora no hay impedimento para llegar hasta el Supremo Hacedor (v. 8).
2.- Los sacrificios no nos limpian, nos limpia Cristo. Aunque persiste el ritual judío de los sacrificios, no logran absolutamente nada distinto al cumplimiento de las tradiciones (vv. 8, 9). La conciencia e inclinación al pecado persiste y tras la caída es necesario volver de nuevo a realizar sacrificios. El autor de la carta a Hebreos señala que "No se trata más que de reglas externas relacionadas con alimentos, bebidas y diversas ceremonias de purificación, válidas sólo hasta el tiempo señalado para reformarlo todo."(v. 10). ¿La razón? El único y suficiente sacrificio es el de Cristo, el Señor.
II.- El sacrificio del Señor Jesús, el sacrificio único y suficiente (vv.11-14).
Para que el sacrificio ante Dios el Padre fuera suficiente y único, el Señor Jesús debió ir a la cruz. En ese instante, de manera divina porque humanamente no tenemos comprensión para describirlo, todos nuestros pecados fueron borrados. Se abrió frente a todo ser creado, la hoja en blanco del nuevo capítulo que era necesario comenzar a escribir (vv.11, 12).
1.- La limpieza del pecado, bajo la Ley o sistema tradicional judío, revestía un carácter temporal. Sólo externamente había limpieza porque la naturaleza pecaminosa del género humano llevaba a recaer de nuevo, para comenzar el ciclo (v.13).
2.- Limpios ahora, podemos vivir para Dios. No solo tenemos acceso al Padre por la obra redentora de Su Hijo, el Señor Jesús, sino que estamos en las condiciones propicias para vivir para Dios y servirle. ¿Es posible vencer las tentaciones y todas las ataduras que antes nos impedían crecer como personas y en el plano espiritual? Por supuesto que sí, gracias a la obra redentora. El, Cristo, nos da la fuerza necesaria para vencer (v.13, 14). El sacrificio suyo es mucho mejor y de mayor magnitud que los sacrificios de animales.
III.- El Señor Jesús es el mediador de un Nuevo Pacto (vv.15-22)
Decíamos unas líneas atrás que somos limpios delante de Dios. Pues bien, siempre es necesario tener presente que fue gracias al sacrificio del Señor Jesús, mediador de un Nuevo Pacto por medio del cual recibimos eternidad, y estamos exentos de las obras humanas para lograr la aceptación del Padre (v. 15).
1.- Atrás queda la incertidumbre respecto a nuestro futuro. Antes quizá se preocupaba respecto a qué pasaría con usted una vez concluyera su ciclo terrenal. Ahora puede descansar en la certeza de que al partir, no irá a muerte eterna sino a la eternidad con Dios porque Jesús, el Señor, lo hizo posible.
2.- Somos limpios en Cristo. Con frecuencia Satanás quiere sembrar desánimo y escepticismo haciéndonos creer que Dios no nos ama o quizá no nos perdona. Olvidamos que la limpieza fue absoluta gracias a la sangre vertida por el Señor Jesús. Nada hay que impida el que tengamos una relación estrecha con el Padre. Es la condición que nos otorga el ser cristianos. Satanás está vencido, como también su propósito de colocar desánimo en nuestro ser.
IV.- Por el sacrificio del Señor Jesús todos nuestros pecados quedaron borrados (vv.23-28)
El Señor Jesús está en la presencia de Dios el Padre e intercede por nosotros (v. 23, 24). Esa es la razón por la que se le llama abogado a favor. El Creador no nos mira desde la perspectiva de lo malos que fuimos en el pasado o quizá distantes de Él, sino con seres justificados por la sangre de Su Hijo.
1.- No es necesario que muera de nuevo. El sacrificio del Señor Jesús es por toda la eternidad. De ahí que no compartamos, en nuestra condición de creyentes cristianos, la falsa necesidad de "hacer sacrificios diarios" como ocurre con la liturgia católica conocida como la ceremonia en la que el sacerdote diariamente ofrece inmolación. Es lo que conocemos como transubstanciación en la cual el pan se convierte en cuerpo de Cristo y el vino en su sangre, concepto que no tiene el más mínimo asidero bíblico.(v.25, 26).
2.- Limpiados de nuestros pecados, esperamos al Señor Jesús. En consonancia con las Escrituras aprendemos que regresará por quienes lo esperamos (vv.27, 28). Entre tanto regresa, permanecemos a la expectativa, viviendo para Dios, afianzados en su fuerza y no en la nuestra.



Lección nº 10:
Viviendo conforme a la voluntad de Dios.
Hebreos 10:1-39
Versículo para memorizar:
"¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha profanado la sangre del pacto por la cual había sido santificado, y que ha insultado al Espíritu de la gracia?"(versículo 29 – Nueva Versión Internacional)

¿Qué aprenderemos hoy?
Cuando comprendemos la grandeza del sacrificio del Señor Jesús en la cruz, encontramos un motivo más no solo para seguir viviendo, sino para vivir conforme a la voluntad de Dios. Ya no estamos sujetos a la Ley, ni tampoco a las obras para ser justificados y ganarnos el favor o aprobación del Creador. Cristo lo hizo posible. Podemos ir al trono celestial en oración, con la plena certeza de que seremos escuchados y que además, Dios nos mira con agrado, como sus hijos.
Ya no somos pecadores en proceso de cambio, somos por el contrario, justos –fuimos justificados por la obra redentora—que buscan caminar en la voluntad del Padre.
La victoria de la Salvación nos permite levantar la frente en alto, conscientes de que ahora somos limpios. Además, tenemos en el Señor Jesús al abogado que intercede a favor. Las condiciones están dadas para emprender un nuevo camino, el que lleva al crecimiento personal y espiritual.
Fuimos llamados a una nueva vida en Cristo y debemos permanecer firmes en ella, sabiendo que no podemos ni volver atrás ni pecar deliberadamente porque es apenas comprensible que acarreamos juicio por nuestra actitud (v.26, 27).

¿Qué nos dicen las Escrituras?
En el estudio que hacemos al libro de Hebreos, hoy aprenderemos que:
I.- Mediante la obra del Señor Jesús se eliminó la enorme brecha que nos separaba de Dios (vv.1-10).
La Ley no salva a nadie, nos salva el Señor Jesucristo. Sin embargo hay quienes pareciera que no consideran suficiente Su sacrificio redentor y siguen ofreciendo inmolaciones por sus pecados. Del judaísmo fueron llamados a la libertad de Cristo, pero quieren seguir a Cristo bajo las mismas tradiciones del judaísmo. Igual con quien siempre ha permanecido inmerso en una religión de tradicionalismos y no comprende la redención. Siempre querrá estar haciendo obras para ser justificado, ignorando que ya recibió el perdón, de una vez y para siempre (vv.1,2).
1.- Los sacrificios llevaban a recordar el pecado. Hay un extremo, sin embargo, y es aquél hacia el cual se dirigen quienes habiendo sido perdonados de sus pecados por el sacrificio redentor del Señor Jesús, quieren seguir pecando y pretenden que nada ocurra (v. 3, 4).
2.- El de Jesús, un sacrificio acepto. Antes los sacrificios de animales no satisfacían al Padre, porque constituían un cubrimiento superficial de la condición pecaminosa del hombre. Gracias a la muerte del Señor Jesucristo en la cruz, hay perdón porque ese acto voluntario y de trascendencia para el presente, el futuro y la eternidad, fue el que quitó el abismo que nos separaba de Dios.
II.- Justificados ante Dios, nuestros pecados fueron borrados, somos ahora justos en Su presencia (vv.11-18).
El Señor Jesús está a la derecha del Padre. Esto fue posible tras su sacrificio en la cruz y la resurrección. Había cumplido la misión de justificarnos. Ahora espera que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.
1.- Somos perfectos ante Dios. Otrora cuando estaba vigente la ley no era así. Aunque se hicieran muchos sacrificios por alguien, era como si solo cubrieran superficialmente su condición de pecado. Ahora, con el sacrificio del Señor Jesús somos totalmente justificados, perfectos tal como lo describe el autor sagrado de Hebreos(v.5).
2.- El Espíritu Santo es Dios en nosotros. Es algo grande que difícilmente podemos comprender bajo los razonamientos humanos. De acuerdo con la Palabra de Dios, es por la obra de Su Santo Espíritu que sus principios de vida para nosotros están grabados en nuestro corazón y en la mente.
3.- Los pecados del ayer, quedaron en el ayer. La Palabra es clara cuando, al referirse a la disposición de Dios tras ser justificados por el Señor Jesús, dice que "Después añade: "Y nunca más me acordaré de sus pecados y maldades." (versículo 17). No podemos seguir en el pasado ni dejar que Satanás nos acuse y robe la tranquilidad por lo que ya ocurrió. Recuérdelo siempre: Dios nos perdonó y ya no se acuerda de nuestras faltas.
III.- No podemos pisotear el sacrificio del Señor Jesús (vv.19-34).
La muerte del Señor Jesús nos abrió un nuevo camino hacia el Lugar Santísimo. Ahora usted y yo podemos entrar en el. Quien permanece junto a nosotros, como creyentes y ahora miembros de la familia de Dios, es el Señor Jesucristo (vv.19-21).
1.- A Dios tenemos que acercarnos con sinceridad. Con la obra del Señor Jesús fuimos limpiados del pecado, tenemos acceso al Lugar Santísimo, pero debemos hacerlo no como aquellos seres que se amparan en la Redención para seguir pecando sino como quienes reconocen la grandeza ocurrida en sus vidas y quieren caminar conforme a la voluntad de Dios (v. 22).
2.- La fe es la que nos da la tranquilidad de ser santos y justos. Humanamente no podemos alcanzar a comprender en su verdadera dimensión lo que ocurrió con la redención. Pero si hay fe en nuestro corazón, podemos ir al Padre bajo la certeza de que no solo nos ama sino que además nos escucha en las peticiones.
3.- Es necesario permanecer fieles. Así lo dice claramente la Palabra de Dios cuando nos invita a mantenernos firmes en la esperanza que profesamos. Y no solo nosotros, es necesario velar porque nuestros hermanos en la fe sigan en el Camino, que es Cristo. ¿De qué manera? Congregándonos, dándonos ánimo para la reconciliación con Dios cuando alguno tropieza y guardando la convicción de que el Señor Jesús está a las puertas y debemos esperarlo, viviendo conforme lo ha dispuesto para nosotros (vv.23-25). No hay razón para volver atrás porque quien peca deliberadamente, atrae juicio sobre si (v. 26).
IV.- Dios nos fortalece para sobreponernos a la adversidad (vv.32-39).
No estamos solos en nuestro trasegar. El Señor nos acompaña. Nos fortalece cuando clamamos a Él en busca de ayuda, bien porque interiormente libramos batallas enormes con nuestra condición inclinada al pecado, o porque externamente se han desatado problemas que amenazan con acorralarnos para que volvamos atrás (v. 32).
1.- Los cristianos permanecen firmes, como soldados, acostumbrados a la batalla. Los períodos pasados en los que se levantaron problemas pueden repetirse, pero es necesario no volver atrás (v. 33).
2.- Nuestra tarea es también brindar apoyo a quienes están en persecución. Lo hicieron los creyentes del primer siglo, y sin duda debemos hacerlo nosotros también hoy (v. 34) sobre la base de que Dios compensará los momentos difíciles que enfrentamos hoy. La perseverancia es la palabra clave. Guardando la fe, por la que sabemos que fuimos perdonados de nuestros pecados y acceso a una vida renovada, de victoria, por encima del pecado. No somos de los que vuelven atrás, como anota el autor de la carta a los Hebreos (v. 39).



Lección nº 11:
La fe: de la teoría a los hechos (I)
Hebreos 11:1-32
Versículo para memorizar:
"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos."(Hebreos 11:1, 2).

¿Qué aprenderemos hoy?
La fe no es un simple término. Es una vivencia práctica. Es pasar de la teoría a los hechos. Los hombres de Dios históricamente se caracterizaron por estar afincados en la fe. Creyeron en el Señor y depositaron toda su confianza en Él.
Aquellos que históricamente han caminado con el Señor y le han agradado, manifestaron fe en todas sus acciones. Dejaron de lado toda sombra de duda para creer. No fue un proceso fácil, pero lograron culminar todas las etapas.
En muchos casos los hombres de Dios creyeron aunque aquello en lo que tenían puesta su mirada, parecía imposible. Su lógica humana fue desechada para dar paso a una confianza plena, bajo la certeza de que Dios sabe qué hace y cómo lo hace.

¿Qué nos dice la Escritura?
I.- La fe es pasar de la teoría a los hechos (vv.1-5)
La fórmula para ver materializado en el plano físico lo que para el común de las personas luce imposible, es la fe. ¿En qué consiste? En permitir que nos asista la firme convicción de que, aquello que pedimos a Dios en oración y si está conforme a Su divina voluntad, ocurrirá. "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve."(v.1).
1.- Los cristianos verdaderos tienen fe.- Una de las características que asiste a quien se profesa seguidor del Señor Jesús es tener fe. Esta condición llevó a que los hombres que han depositado su confianza en Dios a lo largo de los siglos, alcanzaron buen testimonio delante del Creador (v.2) y de los hombres. A nuestro Supremo Hacedor le agrada que nuestra esperanza se afiance en Él.
2.- La fe habla de nuestra vida aún cuando hayamos muerto.- Esa situación quedó manifestada en la vida de Abel, a quien siempre debemos referirnos los cristianos como alguien que fue transparente delante de Dios, buscó agradarle en todo y porque tenía plena fe de su existencia y de que delante de Él damos cuenta de nuestros hechos, obró en consonancia con sus convicciones. Aunque su hermano Caín le dio muerte con violencia, Abel fue un testimonio para todas las generaciones de quien—movido por la fe—busca vivir conforme agrada al Señor (v.4).
3.- La fe nos lleva a nuevas dimensiones en la relación con Dios (v. 5).- La historia bíblica alude a hombres que como Enoc y Elías, no vieron muerte. En parte ese prodigio para todas las generaciones futuras, toma base en el hecho de que tuvo una fe enorme en Dios y logró llegar a nuevas dimensiones.
II.- Dios se agrada en la fe del cristiano (vv.6-12).
La Escritura es clara cuando plantea: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan."(v.6). Pero hay algo más que asegura la Palabra: quien tiene fe, no solo agrada a Aquél que todo lo puede sino que además, recibe galardón, es decir, reconocimiento y premio a su fidelidad.
1.- Fe es obrar así las circunstancias sean contrarias (vv.6-12). La Palabra nos muestra que aquellos hombres de Dios como Noé y Abraham que alcanzaron buen testimonio delante del Señor, creyeron aunque las circunstancias eran adversas y todo apuntaba a que no ocurriría aquello en lo que habían creído. Uno predicó sobre un diluvio en una época en que ni siquiera llovía, el otro recibió promesa de un hijo cuando su esposa no podía ya concebir. Los dos creyeron y a su tiempo oportuno vieron respuesta.
2.- La fe nos lleva a pasar de la lógica humana a razonar con la mente de Dios.- Si permitimos que la razón gobierne nuestros pensamientos cuando estamos clamando por un milagro, probablemente no ocurrirá nada. Pero si nos atrevemos a creer, pensando que en la mente de Dios y bajo Su poder, todo es posible, aquello que anhelamos y que está conforme a la voluntad divina, ocurrirá.
III.- La de del cristiano espera en el tiempo de Dios (vv.13-32)
Como suele ocurrir, muchos de los hechos que esperaban los hombres de Dios, no se produjeron inmediatamente; aún así, perseveraron.
1.- Fe por encima de que nada ocurra de inmediato.- La fe que caracterizó a los hombres de Dios, proclamaba la ocurrencia de hechos y el cumplimiento de promesas, aún cuando ni siquiera lograron ver que ocurriera nada que hiciera prever que su fe iba a ser galardonada. En todo momento descansaron en Dios, y además, tuvieron el convencimiento de que Él cumpliría su palabra (v. 13).
2.- Creer y obrar, el proceso de la fe.- Aunque experimentaron pruebas y situaciones que estaban más allá de sus capacidades, los hombres de Dios creyeron. Iban afianzados en las promesas. Veían con los ojos de la fe, no con los ojos físicos. Proclamaban como ocurrido aquello que sabían que ocurriría (vv.17-32).



Lección nº 12:-
La fe: de la teoría a los hechos (II)
Hebreos 11:33-40
Versículo para memorizar:
"Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros"(versículos 39, 40).

¿Qué aprenderemos hoy?
En las Escrituras podemos leer que los hombres de Dios perseveraron en su fe aún cuando se levantaron enormes tempestades en contra. Ellos habían puesto su mirada en el Supremo Hacedor y lo que podrían lograr a través de Él antes que en las circunstancias.
Con su divina ayuda alcanzaron grandes metas, muchas de las cuales ni siquiera alcanzaban a concebir quienes estaban alrededor, porque parecían algo imposible. Experimentaron en carne propia que caminando con el Señor y, creyendo en Él, la palabra límites no existe si aquello que pedimos está en consonancia con su eterna y perfecta voluntad.
Vivir en fe no fue fácil. La mayoría de las veces no solo enfrentaron burlas, críticas y persecución, sino que sus propias vidas fueron puestas en peligro.
Gracias a esa fe que rebasa todo límite, nosotros estamos viviendo el cumplimiento de las promesas de Dios. esa es una de las razones fundamentales por la que debemos movernos en esa actitud firme de creer, sin que los obstáculos nos roben la calma y la decisión de perseverar.

¿Qué nos dice la Escritura?
I.- La fe nos permite ver grandes realizaciones en Dios (vv.33-35).
Con frecuencia en la congregación hallamos cristianos que además de mostrar un avance significativo en su crecimiento espiritual y personal, son un testimonio vivo de la forma como Dios se manifiesta. ¿Por qué se produce este hecho? Porque han depositado la fe en Dios.
1.- La conquista de grandes metas es posible (vv.33, 34). Cuando vamos a las Escrituras nos hallamos con una serie de ejecutorias que humanamente eran imposibles pero que lograron los hombres de Dios gracias a que creyeron en el poder divino. Renunciaron a obrar en sus fuerzas para asirse del Señor, pidiendo su intervención. Esa actitud les permitió ver materializado lo que para otros era imposible.
2.- Hombres y mujeres han experimentado el poder que se libera cuando tenemos fe en Dios (vv.35). La palabra imposible deja de figurar en nuestro diccionario cotidiano. Dos palabras, en cambio, comienzan a tomar fuerza. Se trata de: "Todo es posible".
II.- Quien tiene fe en Dios debe prepararse a la oposición (vv.36-38).
Tener fe va en contravía de una sociedad poblada de incredulidad y en la que los seres humanos buscan resolver las situaciones a su manera. Sin embargo los cristianos estamos llamados a evidenciar una convicción férrea de que, aquello que creemos que ocurrirá y que pusimos en manos del Señor, ocurrirá.
1.- Los ataques personales no son ajenos a quien tiene fe (v.36).- Ha ocurrido desde el comienzo de los tiempos. Si usted lee cuidadosamente el versículo 36 encontrará que debieron hacer frente a las ofensas, azotes y encarcelamiento. Aún así, seguían creyendo.
2.- En algunos casos, los hombres de fe pagaron con su vida (vv.37, 38).- La fe que profesaba iban más allá de las palabras. Estaban dispuestos a morir si fuera necesario. Muchos, como lo señalan las Escrituras, regaron con su sangre la semilla del creer. Aunque haya quien pensara que fracasaron en su intento, fueron ganadores y glorificaron a Dios con su proceder.
III.- La fe va mucho más allá de cuanto vemos (vv.39, 40)
Fe es la certeza de lo que se espera, luego no necesariamente tenemos que ver para creer. Esperar hasta que podamos palpar, es tanto como manifestar incredulidad. Aprendemos en la Palabra que los incrédulos no glorifican a Dios.
Los hombres de Dios no todos alcanzaron a apreciar con sus ojos aquello que esperaban. ¿Un ejemplo? Moisés. Él vio a lo lejos la Tierra Prometida. Quien guió al pueblo a esa tierra que "fluía leche y miel" fueron Josué y los guerreros a quienes el Señor encomendó tal misión (v.39).
Ustedes y nosotros disfrutamos, como lo anota el pasaje bíblico, de buena parte de las promesas de Dios cuando vino su cumplimiento (v.40). ¿Cuál es su grado de fe?



Lección nº 13:
La mirada puesta en Jesucristo nos lleva a la victoria
Hebreos 13:1-29
Versículo para memorizar:
"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios". (Hebreos 12:1, 2).

¿Qué aprenderemos hoy?
El cristiano se encuentra frente a sinnúmero de dificultades, de orden espiritual y material. Oposición, críticas, persecución, confrontación con su realidad actual o incluso la pasada y otros factores externos que buscan diezmar su crecimiento en todos los órdenes. Obedece sin duda a una cuidadosa estrategia de Satanás encaminada a asegurar un estancamiento espiritual, contrario al propósito eterno de Dios para nosotros.
¿Cómo vencer? Esa es la pregunta que hallamos con frecuencia a nuestro paso. El autor de la Carta a los Hebreos arroja una recomendación que reviste particular importancia. Él dice: 1.- "...despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia" 2.- "...corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante..." 3.- "...puestos los ojos en Jesús...".
Cuando apreciamos en detalle estos tres puntos, estamos frente a un realidad: es posible vencer, llegar a la meta que desde antes de la creación del mundo tiene Dios para nosotros, y avanzar –aunque se presenten cualquier cantidad de problemas—es posible con la ayuda del Señor Jesucristo.

¿Qué nos dice la Escritura?
En el análisis de las Escrituras para el capítulo 13 aprendemos que:
I.- Nuestros esfuerzos se encaminan a llegar a la meta (vv.1-3)
El Señor Jesucristo venció por nosotros en la cruz. Aunque a primera vista parezca que los problemas están por encima de nuestras fuerzas, estamos llamados a vencer. Lograrlo no es posible en nuestras fuerzas sino en las de Dios. Esa es una certeza inigualable que se desprende de la obra redentora del Señor Jesús quien murió en la cruz y resucitó, tres días después, rompiendo toda atadura al pecado y a la muerte.
1.- Los hombres de fe pudieron, usted también (v.1).- Los hombres que figuran en la galería de la fe, abrieron un sendero que nosotros podemos seguir. Luchar no fue fácil para ellos, tampoco lo es hoy para usted y para mi. Sin embargo, el hecho de que hayan sentado bases para crecer en su vida espiritual y personal, nos ofrece la tranquilidad de que también podemos llegar a su nivel. Basta que depositemos nuestra confianza en el Señor Jesús.
2.- La estrategia: seguir adelante, sin mirar atrás (v. 2).- Quienes comienzan su caminar con Cristo Jesús pero están volviendo la mirada a la mundanalidad que tanto les atraía y que aún les abre puertas, o quizá se fija hacia los costados --en los que emergen problemas--, jamás crecerá como cristiano. Por el contrario, quien mira delante, poniendo su mirada en la victoria que nos ofrece el Señor Jesucristo, vence. Pronto apreciará un cambio en su forma de pensar y de actuar. Estaremos cumpliendo así el propósito eterno del Creador para cada uno de nosotros. Aunque cumplir ese objetivo implicó para el Señor Jesús morir en la cruz, bajo oprobio, lo hizo y cumplió el plan divino.
II.- El Señor Jesucristo, un ejemplo vivo para quienes luchan por su vida espiritual (vv.3-11).
Las fuerzas para luchar contra la adversidad que se levanta en derredor, la hallamos en el Señor Jesucristo. Es gracias a Él que encontramos la fortaleza "...para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar..." (v. 3). El sufrió hasta lo indecible, y conoce nuestro sufrimiento; por tanto, Él y nadie más que Él es quien puede ayudarnos.
1.- La disciplina, una oportunidad de crecimiento (vv.7, 8)
El autor de la carta a los Hebreos es claro cuando advierte: "Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?"(v. 7). Nuestro Supremo Hacedor conoce qué áreas de nuestra existencia deben ser sometidas a trato con el propósito de llegar a ser instrumentos útiles en su obra y seres que cumplen su eterna voluntad.
Por supuesto, todos estamos en libertad de no acogernos al trato del Creador. Es una opción personal, y como tal, acarrea sus consecuencias, muchas de las cuales tienen influencia en nuestro presente y en el futuro. Y también tienen repercuciones con la eternidad.
2.- La disciplina humana, también la avala Dios (vv.8-11).
Una de las mayores dificultades que enfrenta el cristiano estriba en someterse a la autoridad, y cuando transgrede normas claras, lo que va en contravía de cuanto desea es aceptar que los errores acarrean unas consecuencias. Pero la autoridad superior—en el plano terrenal—cuenta con el aval de Dios. Bien provenga de nuestros padres, de los directivos de la empresa en que laboramos o del liderazgo pastoral de la iglesia a la que asistimos. El término clave es "sujeción" aunque bien sabemos que no nos gusta. Sin embargo, someternos a los superiores está en el plan divino, así como a Él, usted y yo debemos estar sujetos.
III.- Llamados a permanecer en la nueva vida (vv.12-29).
Siempre me llamó la atención la historia de un hombre que pasó cinco años sin bañarse. La última vez que lo hizo era un dibujante publicitario. Sin embargo aquella tarde decidió alejarse de todo y de todos para vivir en los bajos mundos. Consideraba que no soportaba la presión de quienes le instaban a dejar las drogas.
¿Cuándo volvió a mirarse al espejo totalmente limpio? Cinco años después, cuando un grupo de profesionales fueron a brindarle auxilio a quienes habitaban la calle donde el hombre, junto con otros, vivían de la caridad pública y los pocos peses que conseguían, los destinaban a las drogas. Cuando se vio en el espero era un hombre distinto, y desde ese instante, se hizo el firme propósito de emprender el cambio y ser una nueva criatura.
Igual con nosotros. Dios nos sacó del mundo de pecado en el que estábamos sumidos. Y con nuestra nueva naturaleza, como hijos del Altísimo, nuestros pensamientos y acciones deben ser totalmente diferentes a cuanto éramos pecadores irredentos.
1.- Dios nos ayuda; debemos proponernos cambiar (vv.12, 13). Dios nos ayuda a cambiar, pero en nosotros debe haber un propósito firme de avanzar hacia esa transformación (vv.12, 13). Tal determinación debe ir acompañada de la decisión de apartarnos de las sendas que sabemos, nos conducen al pecado. ¿Cuáles pueden ser? Hábitos que no están bien conforme a hijos de Dios, amistades que nos instan a volver atrás o pecar, asistir a lugares que nos atraen y hacen recordar el poco "gusto" que sacábamos de obrar mal.
2.- Dios nos limpia de pecado y nos hace santos (vv.14). Quien aspira vivir por siempre con Dios, debe ser santo. ¿Qué significa? Apartarse de todo mal. ¿Cómo lograrlo? Dependiendo de Dios para vencer la tentación. No hay duda que Satanás siempre querrá poner tropiezo a nuestro paso, y es probable que en medio de las circunstancias tentadoras que enfrentemos, lleguemos a pensar que es imposible alcanzar la santidad. Pero si dependemos del Señor, podremos llegar a ese propósito.
3.- Si tenemos un encuentro personal con Dios, debemos seguir con Él (vv.15-29). El centro del asunto no es tener una experiencia personal con Dios y volver a la vida vieja, de pecado y desorden. Cuando vamos a las Escrituras encontramos que, pese a estar andando con el Señor Jesús, es probable que algunas raíces del viejo mundo de pecado, broten y nos lleven a apartarnos de la vida con Él (vv.15, 16). Es un peligro al que estamos expuestos y que no debemos desconocer.
Cuando aceptamos al Señor Jesús en nuestro corazón, fuimos "inscritos en los cielos" (v.23). Ahora no podemos apartarnos del Dios de gloria. "Así que, recibiendo nosotros su reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor



Lección nº 14:
La permanencia en Jesucristo, garantía de llegar a la meta
 Hebreos 13:1-25
Versículo para memorizar:
"Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos"(Hebreos 13:8).

¿Qué aprenderemos hoy?
La profesión de fe en el Señor Jesucristo debe testimoniarse con hechos. Prima nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con quienes nos rodean. Tal interacción asegura equilibrio en nuestras relaciones, y constituye el fundamento para el crecimiento espiritual y personal.
Los principios que hemos aprendido en las Escrituras deberán acompañar todas nuestras acciones. Además, es menester permanecer en ellos. Sólo de esta manera constituiremos la iglesia que impacta al mundo. Conocer el evangelio pero seguir caminando en mundanalidad, va en contravía de la fe que compartimos a los demás. Serán simplemente palabras sin sentido todo aquello que digamos.
La victoria está asegurada por la obra redentora del Señor Jesucristo. Podemos dar pasos firmes hacia el crecimiento en todos los órdenes en nuestra condición de creyentes, y también, generar inquietud –entiéndase impactar—a quienes no han teniendo un encuentro con el Salvador, motivándoles para que con nuestros hechos antes que con las palabras, busquen esa Salvación.

¿Qué nos dice la Escritura?
En la Lección para hoy y con fundamento en las Escrituras, aprenderemos que:
I.- Una vida cristiana práctica (vv. 1-7).
Quienes nos rodean y en particular, si nos han escuchado proclamar la Palabra de Dios afirmando que se trata del proceso transformador, desean ver que reflejemos en nuestra cotidianidad aquellos principios. Esa es la razón fundamental por la cual los cristianos debemos asociar el "decir" con el "hacer". Cuando obramos diferente a lo que decimos profesar en el evangelio, estaremos ofreciendo una imagen negativa de Jesús el Salvador. Lo más probable es que nos señalarán como un grupo de seguidores hipócritas movidos sólo por las emociones. Sirva la ocasión para resaltar que ese es un aspecto del cual se han cuidado los discípulos de la Nueva Era. Si observa su comportamiento—aunque sabemos que tal filosofía es un engaño de Satanás—encontrará que hay estrecha relación entre sus doctrinas erradas y lo que hacen.
1.- Si Dios nos gobierna, obraremos en consecuencia (vv.1-7). – El autor abre el útimo segmento de la carta a los Hebreos con una frase contundente: "Permanezca el amor fraternal" (v. 1). Inmediatamente después describe una serie de principios que deben gobernar nuestra existencia en la relación con Dios, con nosotros y con quienes nos rodean (vv.2-5). ¿Cómo es posible que podamos cumplir tales pautas de vida? Cuando permitimos que el Señor sea quien gobierne en nuestro ser, y por tanto, tome las riendas de nuestros pensamientos y nuestros hechos. Alcanzaremos ese crecimiento que tanto anhelamos, no en nuestras fuerzas sino en las de Dios.
2.- Nuestro prójimo no es ajeno a lo que nos ocurre (vv.1-7). Resulta sumamente interesante que todas las pautas de comportamiento a las que hace énfasis el autor de la carta en este último segmento, está orientado al prójimo. Deja sentado que están estrechamente ligados a nuestra vida cristiana. De tal manera que nos recomienda hospitalidad (v.2) para quien va de peregrinaje; acordarnos de quienes atraviesan por malos momentos y están olvidados de todos (v.3); ser comprensivos frente al dolor ajeno (v.3 b); ofrecer delante de Dios y del mundo, un matrimonio en el que primen la fidelidad al cónyuge, el buen trato y dejar de lado toda mancha de pecado (v. 4); y también, insta a un comportamiento que –visto por quienes están alrededor—(vv.5, 6), testimonie que somos creyentes en Cristo Jesús.
II.- Es necesario permanecer firmes, asidos de Jesucristo (vv.8-19).
Con insistencia refiero la necesidad de permanecer asidos de la mano del Señor Jesucristo. Cuando nos desprendemos, corremos el peligro de caer en las redes de Satanás y sus estratagemas. El Jesús que caminó por las calles y senderos de Galilea y Palestina, es el mismo hoy (v. 8) y por tal motivo, no solo nos concederá la fuerza para vencer sino que además obrará milagros y maravillas que alienten nuestra fe y la de quienes nos rodean.
1.- Fidelidad a Cristo Jesús implica permanecer firmes en la sana doctrina (v. 9). Por doquiera Satanás está sembrando filosofías de engaño, frente a las cuales debemos permanecer alerta. Es en Jesucristo y sus enseñanzas para quienes le amamos y seguimos, en quien nos debemos afirmar. Conforme caminamos con Él, aprendemos nuevas cosas. Jamás terminaremos de aprender.
2.- Fidelidad a Cristo Jesús implica jamás olvidar su sacrificio (vv.10-19). Cuando olvidamos en qué consistió el sacrificio redentor del Señor Jesús quien murió en la cruz para librarnos del pecado y resucitó para darnos una nueva vida, corremos el peligro de estancarnos o volver atrás. Por el contrario, cuando somos conscientes de cuanto hizo, avanzamos. Sabemos que ahora somos hijos de Dios, que hemos restablecido la relación que había roto el pecado, y que podemos avanzar hacia el crecimiento personal y espiritual que constituye la meta final.
III.- Con ayuda del Señor Jesús se produce el cambio (vv.20-25).
Un cristiano testimonia del obrar de Cristo en su ser, por el cambio que puede apreciar el mundo en su comportamiento. El actuar está ligado a su forma de pensar. Por tanto, si alguien está sometido a Dios, Él le lleva a pensar y obrar de una forma diferente. No necesita proclamarlo a los cuatro vientos, todos lo apreciarán.
El llamamiento de Dios es a permanecer fieles a Él y dar testimonio de esa nueva vida.

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